La vida de Abraham

Dia 3 de 7 • Ver la lectura de hoy

Devocionales

Aceptación: Un pacto seguro 


Abram confía en la promesa de Dios de que tendrá un hijo y tomará posesión de la tierra, pero no entiende cómo va a funcionar todo. Le pregunta a Dios cómo puede estar seguro de que estas cosas sucederán. Dios no castiga a Abram por hacer esta pregunta. Él concede la solicitud de Abram dándole un contrato, un pacto que garantiza el resultado. Lo que pasa a continuación es una escena increíble.


En la tradición de la época, intercambian un «pacto de sangre». Los animales son sacrificados, cortados en dos y situados en lados opuestos de un camino, haciendo un callejón. La tradición dictaba que los dos participantes del convenio caminaran por la senda, entre las mitades de los animales muertos, representando el acuerdo de cada persona con los términos. Los cadáveres que los flanqueaban a ambos lados testificaban la penalidad por romper el juramento: la muerte.


Dios instituye un convenio de sangre con Abram, pero con un giro. Después de preparar el callejón esparcido de cadáveres, Dios aparece en forma de antorcha y pasa por la senda del pacto, solo. 


El mensaje de Dios aquí es claro: ¡todo esto depende de mí! Esto no es una promesa condicional. Estoy haciendo un convenio otorgándoles esta tierra, que no requiere nada más de ustedes. Es difícil para nosotros entenderlo, pero a veces las promesas de Dios son incondicionales.


La aceptación de Dios es así. Dios promete que, si creemos en Jesús, él nos acepta como sus hijos sin más condiciones. Es una cuestión de gracia. Nuestra relación con él, como nuestro Padre, no cambia basándose en cómo nos comportamos. Él nos concede esto incondicionalmente a través de un convenio de sangre: la sangre de Jesús. 


Aunque la tierra haya sido concedida incondicionalmente, la posesión y disfrute de la misma por parte de Abram aún está en el futuro. Requerirá más obediencia. Queda conquistar y vivir fielmente en la tierra para disfrutar de las bendiciones de ella, pero siempre es suya.


El convenio de Dios con sus hijos no es una promesa de comodidad. Es una promesa de propiedad y de herencia como hijos de Dios. No podemos ganar su aceptación, eso se da libremente.  


Dios lo prometió. Pasó por el callejón de la muerte en una cruz para declararlo por nosotros. Un convenio seguro que nos otorga un lugar en su familia para siempre.