Mostrando empatía

Devocionales

La unidad requiere empatía



El mundo en el que vivimos puede ser bastante divisivo. A veces no estamos de acuerdo con los grandes temas —como la política— pero también podemos encontrarnos discutiendo los asuntos más pequeños, como los equipos deportivos y las dietas. Podemos encontrar una manera de estar en desacuerdo en casi todos los temas. 



Sin embargo, cuando fortalecemos nuestro músculo de la empatía, la unidad se hace realidad en las relaciones de nuestras vidas y en nuestras diversidades culturales. Para explicar cómo la empatía produce la unidad, echemos un vistazo a tres pasajes de la Biblia:



Les suplico, hermanos, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que todos vivan en armonía y que no haya divisiones entre ustedes, sino que se mantengan unidos en un mismo pensar y en un mismo propósito (1 Corintios 1:10 NVI).



Por tanto, si sienten algún estímulo en su unión con Cristo, algún consuelo en su amor, algún compañerismo en el Espíritu, algún afecto entrañable, llénenme de alegría teniendo un mismo parecer, un mismo amor, unidos en alma y pensamiento (Filipenses 2:1-2 NVI).



En fin, vivan en armonía los unos con los otros; compartan penas y alegrías, practiquen el amor fraternal, sean compasivos y humildes (1 Pedro 3:8 NVI).



¿Qué tienen en común estas tres escrituras? 



Todas hablan de la unidad de espíritu, y de ser afines.



Entonces, ¿significa eso que debemos estar de acuerdo con todas las personas de la tierra en todo? Desde luego que no. Todos tenemos preferencias y deseos que no van a coincidir con todos. ¡Y no olvidemos que Dios nos hizo hermosamente únicos! Pero podemos tratar de mantener el panorama general en primer plano. Eso es lo que significa ser afín. Ser afín significa que estás...



... buscando "ponerte en sus zapatos" para aprender sobre sus experiencias.

...tratando de "meterte en su mente" para entender su punto de vista.

...esforzándote por "ponerte en su lugar" para imaginar lo que están sintiendo.



Cuando hacemos eso, la forma en que los tratamos y respondemos cambia. Los vemos como una persona que tiene sentimientos reales y no sólo como alguien con quien queremos discutir. Nuestras convicciones y creencias no cambian con cada conversación, sino empezamos a ver a las personas bajo una nueva luz, y tal vez a comprender por qué sienten y creen lo que hacen. 



Así que tratemos de vivir con empatía con los demás, no solo por ellos, sino también por nosotros. Vivir constantemente en la división y entrar en conflicto con los demás nos roba a todos. Buscar, apuntar y esforzarse por entender el punto de vista de alguien no significa que seamos débiles de mente. En realidad muestra nuestra fuerza.