Parallel
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I. PRIMERA PARTE
(1—39)
1. Mensajes acerca de Jerusalén y de Judá
(1—6)
Judá, nación pecadora#1.1-31 Además de una breve introducción (v. 1), este cap. contiene un conjunto de mensajes proféticos pronunciados por Isaías en distintas ocasiones. En ellos, el profeta denuncia los pecados de Judá y proclama el juicio de Dios, que será castigo purificador y de renovación (cf. vv. 24-27). De este modo, el cap. 1 forma una unidad literaria que introduce y anticipa los temas principales de Is 1—39.
1Profecías que Isaías, hijo de Amós, recibió por revelación#1.1 Nótese la semejanza de este encabezamiento con los de Jer 1.1-3; Os 1.1; Am 1.1; Miq 1.1. Esta semejanza sugiere que las introducciones fueron añadidas cuando se recopilaron las palabras de los distintos profetas para formar con ellos el canon de los escritos proféticos. Los encabezamientos incluyen, por lo general, el nombre del profeta, una referencia al momento en que ejerció su actividad y una indicación sobre los destinatarios del mensaje. Véase Is 2.1 n. acerca de Judá y Jerusalén,#1.1 Judá y Jerusalén: El libro contiene mensajes dirigidos también a otros pueblos y naciones (Is 9.8-21; 13.1—23.18), pero los destinatarios principales fueron el reino de Judá y su ciudad capital. durante los reinados de Ozías, Jotam, Ahaz y Ezequías en Judá.#1.1 Los reyes mencionados reinaron sucesivamente en Judá, del 781 al 687 a.C. Ozías (también llamado Azarías): 2 R 15.1-7; 2 Cr 26.1-23 (cf. Is 6.1). Jotam: 2 R 15.32-38; 2 Cr 27.1-9. Ahaz: 2 R 16.1-20; 2 Cr 28.1-27. Ezequías: 2 R 18.1—20.21; 2 Cr 29.1—32.33.
2Cielo y tierra,#1.2 Dios, como acusador y juez, llama a cielo y tierra por testigos de su denuncia contra sus hijos, el pueblo de Israel (cf. Is 3.13-15)
escuchen lo que el Señor dice:
«Crié hijos#1.2 Cf. Ex 4.22; Dt 14.1; 32.5-6; Is 63.8,16; Jer 3.19; Os 2.1; 11.1, que también se refieren a la paternidad de Dios y a la solicitud con que guía y educa a su pueblo. hasta que fueron grandes,
pero ellos se rebelaron contra mí.
3El buey reconoce a su dueño
y el asno el establo de su amo;
pero Israel, mi propio pueblo,
no reconoce ni tiene entendimiento.»#1.3 Cf. Jer 8.4-5,7; Am 6.12.
4¡Ay, gente pecadora,#1.4-9 Estas palabras pueden referirse a la invasión de Palestina por los asirios alrededor del 734 a.C., bajo Tiglat-piléser III (2 R 16; 2 Cr 28; cf. Is 7.1-9), o bien a la invasión del rey Senaquerib en el 701 a.C. (2 R 18.13-16; 2 Cr 32.1-23; Is 36). La casi total destrucción (v. 7) hace más probable la segunda fecha (véase v. 7 nota k).
pueblo cargado de maldad,
descendencia de malhechores,
hijos pervertidos!
Se han alejado del Señor,
se han apartado del Dios Santo de Israel,#1.4 El Dios Santo de Israel: Lit. el Santo de Israel; es el título preferido de Isaías para designar al Señor (5.16,19,24; 10.20; 30.11; cf. 6.3). La expresión tiene un doble sentido: por un lado, exalta la santidad de Dios, es decir, su majestad, bondad y poder infinitos, que están por encima de todo lo creado; por el otro, realza la condescendencia divina, pues se ha revelado a Israel y se hace presente en medio de él. Este Dios santo quiere para sí un pueblo santo (cf. Lv 19.2).
lo han abandonado.
5Ustedes se empeñan en ser rebeldes,
y en su cuerpo ya no hay donde castigarlos.
Tienen herida toda la cabeza,
han perdido las fuerzas por completo.
6De la punta del pie a la cabeza
no hay nada sano en ustedes;
todo es heridas, golpes, llagas abiertas;
nadie se las ha curado ni vendado,
ni les ha calmado los dolores con aceite.#1.5-6 Cf. una descripción similar en Jer 30.12-15.
7Su país ha quedado hecho un desierto,
y arden en llamas las ciudades.
En la propia cara de ustedes
los enemigos se comen lo que ustedes sembraron.#1.7 Los enemigos se comen lo que ustedes sembraron: Algunos refieren estas palabras a la invasión de Senaquerib, rey de Asiria, en el 701 a.C. (2 R 18.13-16; 2 Cr 32.1-23; Is 36). Sin embargo, el contexto parece indicar que Isaías las pronunció en los primeros años de su actividad profética, hacia el año 734 a.C., cuando las tropas de Damasco y de Israel invadieron Judá y sitiaron Jerusalén (cf. 2 R 16.5-6; Is 7.1-2).
Todo ha quedado hecho un desierto,
como Sodoma#1.7 Sodoma: texto probable; heb. extranjeros. cuando fue destruida.
8Sión nada más ha quedado en pie,
sola cual choza en medio de un viñedo,
sola cual cobertizo en medio de un melonar,
sola cual ciudad rodeada por el enemigo.#1.8 Sión: es decir, Jerusalén (véase Sal 2.6 n.). Choza... cobertizo: Se trata de habitaciones provisionales, construidas en los campos de Palestina para refugio de los que cuidaban los sembrados y los protegían de animales salvajes.
9Si el Señor todopoderoso
no hubiera dejado a unos cuantos#1.9 Dejado a unos cuantos: Véase Is 4.2-6 n. de nosotros,
ahora mismo estaríamos como Sodoma y Gomorra.#1.9 Citado en Ro 9.29; cf. Gn 19.1-29.
El verdadero culto a Dios#1.10-20 Este célebre pasaje expone otro de los temas fundamentales de la predicación profética: Dios no puede aceptar los sacrificios ofrecidos por manos llenas de sangre inocente (cf. v. 15). Véanse Sal 40.6(7) nota f; Am 5.21-24 n.
10Jefes de Sodoma, escuchen la palabra del Señor;
pueblo de Gomorra, oye atentamente
lo que nuestro Dios#1.10 En este contexto, la palabra enseñanza (en heb. torá) evoca una práctica que los sacerdotes realizaban a las puertas del templo: Instruían a los fieles, antes de entrar al santuario, sobre las condiciones requeridas para presentarse ante Dios y participar en el culto. Tal instrucción se refería especialmente a las disposiciones interiores y a las relaciones con Dios y con el prójimo en la vida cotidiana (Sal 15; 24.3-6; cf. Sal 118.20). te va a enseñar.
11El Señor dice:
«¿Para qué me traen tantos sacrificios?
Ya estoy harto de sus holocaustos de carneros
y de la grasa de los terneros;
me repugna la sangre de los toros, carneros y cabritos.
12Ustedes vienen a presentarse ante mí,
pero ¿quién les pidió que pisotearan mis atrios?
13No me traigan más ofrendas sin valor;
no soporto el humo de ellas.
Ustedes llaman al pueblo
a celebrar la luna nueva y el sábado,#1.13 Luna nueva: fiesta celebrada el primer día de cada mes, de acuerdo con el calendario lunar hebreo (Nm 28.11-15). Véase Sal 81.3(4) n.
pero yo no soporto las fiestas de gente que practica el mal.
14Aborrezco sus fiestas de luna nueva y sus reuniones;
¡se me han vuelto tan molestas
que ya no las aguanto!#Jer 6.20; Am 5.21-22.
15Cuando ustedes levantan las manos para orar,#1.15 Cuando... para orar: alusión a una actitud típica de la oración, que consistía en permanecer de pie con las manos extendidas hacia el cielo (1 R 8.22; 2 Mac 3.20; cf. Mt 6.5).
yo aparto mis ojos de ustedes;
y aunque hacen muchas oraciones,
yo no las escucho.
Tienen las manos manchadas de sangre.
16¡Lávense, límpiense!
¡Aparten de mi vista sus maldades!
¡Dejen de hacer el mal!
17¡Aprendan a hacer el bien,
esfuércense en hacer lo que es justo,
ayuden al oprimido,
hagan justicia#1.17 La exhortación a practicar la justicia, especialmente con los pobres y oprimidos, es uno de los temas constantes en el libro de Isaías. Cf., p. ej., Is 8.21—9.5; 29.18-21; 58.6-7; 61.1-2. También es un tema que se acentúa en otros libros proféticos, como Amós. al huérfano,
defiendan los derechos de la viuda!»#1.17 En los códigos del antiguo Oriente (p. ej., en el de Hamurabi, rey de Babilonia) y en algunos textos cananeos, hacer justicia al oprimido, al huérfano y a la viuda era un deber primordial del rey. La nueva exigencia, introducida por Isaías, es que esta obligación ya no es exclusiva del rey, sino de cada israelita en particular, e incluso de todo ser humano. Cf. Ex 22.21-22; Dt 24.17-21; 27.19.
18El Señor dice:
«Vengan, vamos a discutir#1.18 Vamos a discutir: Los reproches del Señor se expresan a veces en el lenguaje típico de los procesos judiciales. Cf. Miq 6.1-8. este asunto.
Aunque sus pecados sean como el rojo más vivo,
yo los dejaré blancos como la nieve;
aunque sean como tela teñida de púrpura,
yo los dejaré blancos como la lana.
19Si aceptan ser obedientes,
comerán de lo mejor que produce la tierra;
20pero si insisten en ser rebeldes,
morirán sin remedio en la guerra.»
El Señor mismo lo ha dicho.
El Señor purificará a Jerusalén
21¡Cómo has llegado, ciudad fiel,
a ser igual que una prostituta!#1.21 Jer 3.6-10; Ez 16.15-36; 23.1-49.
Antes toda tu gente actuaba con justicia
y vivía rectamente,
pero ahora no hay más que asesinos.
22Eras plata y te has convertido en basura,
eras buen vino y te has vuelto agua.
23Tus gobernantes son rebeldes
y amigos de bandidos.
Todos se dejan comprar con dinero
y buscan que les hagan regalos.
No hacen justicia al huérfano
ni les importan los derechos de la viuda.#1.23 El huérfano y la viuda se citan como representantes típicos de las personas marginadas y oprimidas. Véanse estas palabras en el Índice temático y también Is 1.17 nota  u.
24Por eso, el Señor todopoderoso,
el Poderoso de Israel, afirma:
«¡Basta! Yo ajustaré las cuentas a mis enemigos.
Me vengaré de ellos.
25Voy a levantar de nuevo mi mano contra ti
y a quemar por completo tu basura;
voy a limpiarte de toda tu impureza.
26Haré que vuelvas a tener jueces como antes
y consejeros como los del principio.
Después que yo lo haya hecho, volverán a llamarte
“Ciudad de justicia”, “Ciudad fiel”.#1.26 Cf. Zac 8.3.
27Con mi justicia y acción salvadora
libertaré a los habitantes de Sión que se vuelvan a mí;
28pero haré pedazos a los rebeldes y pecadores,
y los que me abandonen morirán.
29Se avergonzarán ustedes de esas encinas y jardines
que tanto les gustan,
donde dan culto a los ídolos.#1.29 Encinas y jardines: lugares dedicados al culto a los dioses paganos de la fertilidad, donde se practicaban ritos para hacer que campos y animales fueran fecundos (véase Os 4.14 n.). El profeta afirma (v. 30) que el efecto será el contrario del previsto: quienes sigan tales prácticas perecerán al igual que sus objetos de culto (véase Os 9.11-12 n.).
30Ustedes serán como encina de hojas marchitas,
y semejantes a un jardín sin agua.
31El hombre fuerte se convertirá en paja,
y sus obras en chispa:
los dos arderán al mismo tiempo
y no habrá quien los apague.»