JUAN 8:13-32
JUAN 8:13-32 TCB
Los fariseos le replicaron: – Tú siempre testificas de ti mismo, por esta razón tu testimonio no es válido. Respondió Jesús: – Aunque yo testifico acerca de mí, este testimonio es totalmente válido, pues yo sé de dónde vengo y hacia dónde voy; pero ustedes no saben nada de mí, no saben de dónde vengo ni para dónde voy. Ustedes critican y juzgan según los criterios de este mundo, pero yo no critico ni juzgo a nadie. Si yo juzgo, mi juicio es válido, pues yo juzgo junto con mi Padre, que me envió. En la ley de Moisés está escrito que el testimonio de dos personas es verdadero. Yo testifico sobre mí mismo, también el Padre que me envió testifica sobre mí. Los fariseos le preguntaron: – ¿Dónde está tu Padre? Jesús contestó: – Ustedes no me conocen, tampoco conocen a mi Padre; si ustedes me conocieran, también conocerían a mi Padre. Estas enseñanzas las dio en el lugar donde se recogen las ofrendas del templo; y nadie intentó arrestarlo, pues aún no había llegado su hora. Jesús siguió enseñando: – Yo me voy y ustedes me buscarán, pero morirán por sus propios pecados; a donde yo voy, ustedes no pueden venir. Los judíos decían: – ¿Acaso Jesús va a suicidarse? Porque dice: “A donde yo voy, ustedes no pueden venir”. Jesús respondió: – Ustedes practican las tendencias de este mundo, pero yo vivo las cosas del cielo, ustedes son de este mundo, pero yo no soy de este mundo. Por esto les dije: “Ustedes morirán por vivir una vida de pecado; y si ustedes no creen en mí, morirán por sus propios pecados”. Ellos le replicaron: – ¿Tú quién eres? Jesús dijo: – Desde un principio les he hablado sobre mí. Muchas cosas tengo que criticarles y juzgarles; pero el que me envió es Verdadero, y todo lo que escuché de Él, esto mismo les enseño a ustedes y al mundo. Pero los fariseos no entendieron nada de lo que Jesús hablaba del Padre. Entonces añadió Jesús: cuando el Padre exalte y glorifique al Hijo del Hombre, ahí ustedes conocerán quien soy yo, por mí mismo no puedo hacer nada, sino que todo lo que me enseñó el Padre, esto hablo. Mi Padre siempre está conmigo, Él nunca me ha dejado solo, y yo siempre hago lo correcto y busco agradarlo. Cuando Jesús enseñaba estas cosas, muchos creyeron en Él. Jesús argumentó a los judíos que creían en Él: – Si ustedes permanecen y practican mi palabra, verdaderamente son mis discípulos; y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres.





