Pronto sabrás, Israel,
que ya ha llegado el día
en que te daré tu merecido.
Tan grande es tu maldad,
y tan inmenso es tu odio,
que llamas «tontos» y «locos»
a los profetas que te he enviado.
Los envié para avisarte del peligro,
pero tú les tendiste trampas;
¡hasta en mi propio Templo
les has mostrado tu gran odio!