Una Mente Madura

Dia 5 de 5 • Ver la lectura de hoy

Devocionales

“No tiene mentalidad escapista”

John Stott en su libro, “La fe cristiana frente a los desafíos contemporáneos”, dice que “en demasiados casos, los evangélicos hemos sido, o tal vez aún somos, escapistas irresponsables...”, (pág. 103). Los creyentes debemos cambiar la mentalidad escapista, pensando que el mundo le pertenece al diablo y  que pronto se va a terminar, por eso olvidamos la responsabilidad presente, añorando el más allá. Necesitamos un cambio de paradigma, ir de la operación de rescate, a la transformación del mundo.

Hemos creído que la iglesia va a escapar de la hecatombe final por la puerta trasera, huyendo como una viuda indefensa; cuando somos la esposa del Cordero que entra triunfante por la puerta principal, para traer los reinos de este mundo a los pies de Cristo.

Nos hemos convencido que no debemos estar en la tierra, que este lugar no nos corresponde. Que, como somos ciudadanos del cielo, y estamos de paso, no tenemos propósito alguno durante nuestra estadía. Pues esa es una idea contraria a lo que Dios dispuso para sus hijos. Si estamos en esta tierra, no es porque Él no sabe qué hacer con nosotros, sino porque tiene un propósito que debemos cumplir antes de ir a estar con Él.

Tenemos la posición, en los lugares celestiales, pero estamos en la tierra para hacer lo que nos delegó. La pregunta es, ¿qué debemos hacer aquí?

Debemos mantener la victoria y el avance del reino, pero esto requiere grandes esfuerzos de nuestra parte, pero no depender de nuestras fuerzas sino de su poder que actúa en nosotros. Cuando un creyente empieza a ver la verdad del Reino de Dios, necesita liberar inmediatamente, la capacidad y poder para servir, en el nombre de Cristo, como instrumento de transformación del mundo, de acuerdo al momento histórico que le corresponde enfrentar. 

El Reino de Dios es instaurado en la tierra por Cristo, y la iglesia debe recobrar el gobierno apostólico y profético, ejercer la autoridad que le ha sido conferida de tal forma, que pueda establecer justicia y traer el orden de Dios.

Oro para que, por el estudio de la Palabra de Dios, la mentalidad de reino sea establecida en cada hijo de Dios, y que se comprometa a cumplir el propósito eterno, por y para el cual está en la tierra.