Una Mente Madura

Dia 3 de 5 • Ver la lectura de hoy

Devocionales

“Opera desde la posición celestial, no desde la condición terrenal”

Es una mente entendida de la soberanía de Dios y que depende de la providencia de Dios, sabe que toda situación que tenga que enfrentar está bajo el control del Rey, por lo tanto, no tiene que presentar al cielo su necesidad humana, sino decretar en la tierra su realidad en Cristo.

Nuestra condición es algo circunstancial y temporal, pero nuestra posición es trascendental y permanente, por eso, lo que sentimos no altera lo que somos, ni podemos cambiar de confesión aunque cambie nuestra condición. Porque nuestra confesión se apoya en la convicción de lo que Dios dice y no en la emoción de lo que nuestra alma siente.

La razón es que la manera integral de ver y participar en el plan de Dios para la humanidad, nos plantea el reto de asumir la misma visión integral de Cristo para el hombre. La restauración de todas aquellas condiciones y situaciones que impiden a la sociedad gozar de una vida plena es lo importante, pues Dios no sólo nos ve como estamos sino como podríamos y deberíamos estar en Él. 

Forma una mentalidad de dominio y no de demonio. No hay ninguna razón para que el pueblo redimido de Dios le conceda al enemigo autoridad alguna. Satanás y sus demonios asustan, tientan, confunden y engañan a los hombres, pero no pueden gobernar ésta tierra de Dios, más allá de lo que los hijos del reino le permitan.  

El enemigo tiene dominio, no sobre la tierra de Dios, sino sobre el sistema mundial corrupto, que sus seguidores humanos han construido. La incredulidad, inoperancia e indiferencia de los hijos del reino, le proporciona a Satanás el espacio legal para ejercer dominio sobre las naciones.

La mentalidad de dominio, sabe ejercer la autoridad divina, porque conoce su posición en Cristo y no se intimida ante la condición que atraviesa, pues entiende que, todo lo que tiene la cabeza, lo recibe el cuerpo. La mentalidad de demonio atribuye cualquier infortunio a la obra del diablo y se atemoriza ante el ataque de las tinieblas.

Capacita para desarrollar una vida de empresario y no empleado. Todos los hijos del reino estamos dotados para ser productores y no consumidores,  es decir, que no podemos vivir, como el pueblo de Israel en el desierto, dependiendo que Dios envíe del cielo lo que ya nos ha dejado en la tierra.

La Biblia dice, que el maná cesó, cuando los israelitas entraron a la Tierra prometida, porque allí les daba el trigo y la cebada, que debían cultivar y con una mentalidad empresarial, crear una panadería para un sustento abundante. Oro para que se ilumine esta revelación poderosa.