Una Mente Madura

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Devocionales

“Una forma de pensar transformada”

Es una mente madura, cuya forma de pensar ha sido transformada por la Palabra de Dios, y ha dejado de ser dirigida por los sentidos, para ser guiada por el Espíritu de Dios y su Palabra. Está centrada en conocer y dar a conocer el Evangelio del Reino; no se deja manipular por sentimientos, emociones, o circunstancias, porque tiene claro el propósito y la misión de Dios para su vida.

La nueva mentalidad, requiere que nos acerquemos a quienes Dios llama a servir y alcanzar. Eso nos permite estar más conscientes de la realidad de las personas y asumir decididamente una renovada actitud de ver y actuar con el amor compasivo de Dios. Este amor no evade ni ignora; no escapa ni se indigna; siempre nos acompaña y nunca es indiferente.

Sin embargo, observar las constantes manifestaciones de la naturaleza caída, implica también la responsabilidad de hacer algo para transformar integralmente esos males. Si lo que tenemos, a nuestro alrededor son situaciones que ejemplifican la presencia y consecuencias del anti-reino, tenemos entonces un campo dónde ejercer la misión y mostrarnos como señal, que el Reino de Dios está ya en este mundo.

Los cristianos necesitamos hacer un alto en nuestro activismo religioso y contemplar, no sólo a Dios sino también la realidad humana, porque el mensaje del reino no consiste en una nueva actividad, sino en una nueva mentalidad, con el fin de, responder y transformar adecuadamente, esta sociedad. Pero entonces, también es necesario aceptar que no podemos ver a la gente con los ojos de Dios, si primero no lo vemos a Él tal y como es, en su inmensurable compasión e infalible justicia. 

La manera en como vemos al mundo determinará las decisiones y acciones que tomemos para transformarlo. Dios actuó primero y nos dio el ejemplo, por eso es necesario ahora que sigamos sus huellas. Ver como Cristo nos ve, compromete una acción en conjunto. Obsérvese que Cristo no hizo misión por sí solo, más bien, invitó a un grupo de personas para que en armonía y comunión con Él y entre ellos, pudieran extender su mensaje. 

Esto significa, que lo visto siempre implica una tarea más grande que lo transformable en el momento, la cual, a su vez, demanda complementarnos con otros miembros del cuerpo de Cristo. Nadie tiene lo suficiente para terminar la tarea, todos tenemos algo con qué participar. Oro para que se ilumine, la asignación con la que puedes aportar para la edificación del cuerpo de Cristo.