Un Lugar Para Nacer

Devocional

UN DIOS, UN SEÑOR


“sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres; y, hallándose en condición de hombre, se humilló a sí mismo haciéndose obediente hasta la muerte, ¡y muerte de cruz! Por lo cual, también Dios lo exaltó hasta lo sumo y le otorgó el nombre que es sobre todo nombre; para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, en la tierra y debajo de la tierra; y toda lengua confiese para gloria de Dios Padre que Jesucristo es Señor”.  (Filipenses 2:7-11)


Nos acercamos al final de nuestro viaje en este Plan de Lectura y no podríamos terminarlo de otra manera que exaltando a Jesús por haber nacido entre nosotros. El amor desinteresado por Él marcó a la humanidad de tal manera que la historia misma se dividió entre antes y después de Él.


Para la mayoría de los judíos, la idea de recibir a Jesús como Dios es muy difícil, ya que creen que adorar a “otro Dios” además de Jehová sería un acto de idolatría. Sin embargo, la Biblia nos da plena convicción de la unidad entre el Padre y el Hijo, como Cristo mismo nos aseguró: "Yo y el Padre somos uno" (Juan 10:30). Son uno en esencia, y continúan siendo uno en el cumplimiento de la misión de Jesús en el mundo, aunque, para hacerlo, Jesús tuvo que vaciarse de su Gloria para convertirse en uno de nosotros. Todo esto fue planeado y llevado a cabo por ambos:  “—El Padre me ama porque doy mi vida para recibirlo nuevamente. Nadie me quita la vida, pero la doy por mi propia voluntad. Tengo derecho a darlo y recibirlo de nuevo, porque eso es lo que mi Padre me dijo que hiciera” (Juan 10:17-18).


Hoy, Jesús ya no es el niño en el pesebre o el hombre en la cruz. Él es el Rey de la Gloria, y ante Él están sometidas todas las autoridades humanas y etéreas. Al Padre le agradó ser glorificado a través de su Hijo, por eso no debemos temer adorar y exaltar a Jesús, porque al hacerlo, adoramos al Padre: “—Ahora se revela la naturaleza divina del Hijo del Hombre, y por medio de él también se revela la naturaleza gloriosa de Dios. Y si a través de Él se revela la gloriosa naturaleza de Dios, entonces Dios revelará en sí mismo la naturaleza divina del Hijo del Hombre. Y Dios lo hará ahora mismo " (Juan 13:31-32).


Cuando te reúnas con tus amigos y familiares para las diversas festividades de Navidad y Año Nuevo, no pierdas la oportunidad de reconocer la Gloria de Jesús. Habla sobre su venida, ministerio y sacrificio y, principalmente, habla sobre la obra salvadora y santificadora que Cristo inició en tu vida y continúa haciendo a través del Espíritu Santo. Un día, todas estas personas estarán ante Dios, y el futuro de sus almas dependerá de su decisión de recibir a Cristo como Salvador y Señor y confesar que Jesús es el Hijo de Dios. Haz esto con la autoridad que Cristo te ha dado, y ora para que la semilla sembrada en sus corazones encuentre terreno fértil y dé fruto. ¡Esta es la fiesta de Navidad que Jesús nos espera!