Un Lugar Para Nacer

Devocionales

DE NAZARET A BELÉN


"E Iban todos para ser empadronados, cada uno a su ciudad. Y José subió de Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, por cuánto era de la casa y familia de David; para ser empadronado con María su mujer, la cual estaba encinta". (Lucas 2: 3-5)


Entonces comenzó la peregrinación de José y María. Dos jóvenes que viven la mayor aventura de sus vidas, llenos de ansiedades y preocupaciones. Como si los problemas del matrimonio no fueran suficientes para inquietarlos, había un ingrediente agregado y no planeado: un bebé en el vientre de María. Sabían que este bebé era diferente, especial, divino, pero el resto de la humanidad no lo era. A pesar de todos sus temores, continuaron confiando en la promesa del ángel Gabriel: "¡No temas!" (Lucas 1.30; Mateo 1.20).


En 2020 y 2021 vivimos momentos de gran miedo. La pandemia nos sacó de nuestra zona de comodidad y nos hizo repensar, reflexionar y replantear muchos aspectos de nuestra vida. Muchos han perdido a familiares y amigos y, quién sabe, también estuvieron muy cerca de la muerte. Nadie puede salir ileso de experiencias tan profundas, ¿verdad? Pero, ¿cuál es el desafío para nosotros, los siervos adoradores del siglo XXI? La respuesta es antigua y sencilla: como José y María, debemos seguir caminando dentro del proyecto estipulado por Dios, sabiendo que es Él quien nos acompaña en los días buenos y malos.


La valentía no es falta de miedo. La valentía es la decisión de afrontar el miedo, por aterrador que sea, y, en el caso de los siervos adoradores, es la certeza de que las circunstancias no nos definen ni nos paralizan, pues seguimos al Dios soberano y es Él quien nos dice todos los días: “¡No temas!”.


En esta Navidad, que la decoración de nuestros hogares sea la sonrisa valiente de quienes van ganando, día a día, todas sus luchas en la seguridad de quienes son capaces de hacer mucho más de lo que pedimos o pensamos, a través de su poder que actúa en nosotros (Efesios 3.20). ¡Amén!