Un Lugar Para Nacer

Devocional

NO PARO


“Aconteció en aquellos días, que se promulgó un edicto de parte de Augusto César, que todo el mundo fuese empadronado. Este primer censo se hizo siendo Cirenio gobernador de Siria. E iban todos para ser empadronados, cada uno a su ciudad.”  (Lucas 2: 1-3)


Todo era un desastre. Cada familia en el Imperio Romano debía regresar a la ciudad natal de su patriarca para el censo, por lo que José y María se dirigieron a Belén. José, un descendiente del gran rey David, se llevó a su esposa, embarazada, con él por un largo camino con la esperanza de encontrar una posada digna que les ayudaría a descansar de su viaje, pero no encontraron nada más que emoción. Todo estaba transbordando e, incluso con su esposa en labor de parto, no llamó la atención de los posaderos. Ese establo era el único lugar abierto al Salvador y a los animales, sus anfitriones. 


A pesar de la distancia temporal que nos separa del día del nacimiento de Jesús, una semejanza no puede pasar desapercibida: el ser humano sigue corriendo de un lado a otro y, en la búsqueda desenfrenada de sus intereses, acaba olvidándose de mirar al necesitado que llora junto al camino. A veces, movidos por el “espíritu navideño”, algunos se ven obligados a hacer buenas obras, pero sin el compromiso de conservarlas durante el resto del año, hacen de la caridad un acto de alivio de la conciencia, no de amor.


Cuando volvemos nuestros ojos a la Palabra de Dios, vemos que toda la agitación que nos rodea no justifica el descuido de las personas y sus necesidades, como nos dirige el apóstol Pablo: “No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos. Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe”. (Gálatas 6.9, 10.) 


No espere la semana de Navidad y sus campañas filantrópicas para ayudar a los necesitados, ya que hay tanta necesidad a nuestro alrededor y Cristo nació, vivió y murió para que nosotros, su iglesia, sus siervos adoradores, pudiéramos ser sus brazos extendidos incansablemente para saciar el hambre de pan y de amor. ¡Detente un momento! Tómate un descanso de correr y mirar a tu alrededor. Ciertamente hay alguien que necesita a Jesús, y Él te ha elegido para que Lo representes.