Las Armas Poderosas en Dios

Día 4 de 4 • Ver la lectura de hoy

Devocional




Fuerza para la batalla


Al caminar entre nosotros, Jesús comprendió la importancia vital de proporcionarnos la compañía y el poder que necesitamos para enfrentar a nuestro adversario. Él sabía que la luz dispersaría la oscuridad sin ningún esfuerzo, siempre y cuando camináramos en la luz, como Él está en la luz (1 Jn. 1:5-10, Jn 8:12, 12:35-36).


Al observar el Antiguo Testamento con detenimiento, descubrimos que el Espíritu Santo dio poder a hombres como Moisés, Josué, Sansón y David para liberar al pueblo de Dios de los enemigos que los oprimían. Las escrituras afirman también que “Dios ungió a Jesús de Nazaret con el Espíritu Santo y con poder, quien anduvo haciendo el bien y sanando a todos los que eran oprimidos por el diablo; porque Dios estaba con Él" (Hch. 10:38). 


Jesús también les dijo a sus seguidores que podrían hacer obras más grandes que Él, porque les estaba enviando el Espíritu Santo (Juan 14: 12-17). Lo maravilloso para nosotros hoy, es saber que Su compañía y poder no era solo para Sus discípulos en su momento, sino que como promesa de Dios el Espíritu Santo fue derramado sobre toda carne y esta promesa se viene cumpliendo desde el día de Pentecostés (Hechos 2: 16-17).


El Apóstol Pablo, años después de la ascensión de Jesús al cielo, develó el secreto que hace poderosa nuestra fe y comunión con Dios: "Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios" (Col 3:3). Nuestra unidad o comunión con Dios, no es una meta mística “hacia” la cual luchamos por alcanzar por el resto de nuestras vidas; estar en Cristo significa que Él es el origen y la fuente de nuestra vida, es por esto por lo que, en Su luz, vemos la luz, y las tinieblas no pueden alcanzarnos, pues vivimos “desde” Su victoria en el Poder del Espíritu Santo (1Jn. 2:8, Jn. 1:5, 1Ts.1:5).


Caminar en la luz como Él está en la luz, significa ver y valorar nuestra vida desde el punto de vista de nuestro Padre Celestial que nos llama a vivir en consagración, que no es otra cosa que ser conscientes de limpiarnos de todo pecado, al confesarlos a Dios y comprometernos a apartarnos de todas las influencias contaminantes que puedan influir en nuestra vida (1Jn.1:10).


Al final entendemos que el mal, nuestro adversario el diablo, y el mundo que va en contra de Dios no son ni inmortales, ni eternos ¡La luz sí! Por tanto, la luz seguirá siendo la última autoridad sobre las tinieblas.


“Al vencedor, le concederé sentarse conmigo en mi trono, como yo también vencí y me senté con mi Padre en su trono” (Ap. 3:21).


Queremos darte las gracias, querido lector, por completar este plan devocional. Oramos por ti y nuestro deseo de corazón es que haya sido de bendición para tu vida.


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Con amor en Cristo,


Pr. Juan Carlos Calle y Equipo Conectar Global.