Las Armas Poderosas en Dios

Devocional




No hay autoridad sin sujeción


Un amigo quien formó parte de las fuerzas militares de mi país por muchos años, me envió un material que habla del liderazgo militar. En pocas palabras, el texto define que no hay liderazgo y autoridad sin sujeción a los rangos superiores, representados por los comandantes y el estado mayor, los cuales deben garantizar que sus decisiones y acciones cumplan con las leyes y normas del país que representan.


Lo mismo sucede en el ámbito espiritual; no hay poder, liderazgo y autoridad si no nos rendimos completamente al Señorío de nuestro comandante en jefe, Jesucristo; Rey de reyes y Señor de señores, y cumplimos fielmente todo lo que el Reino de Dios representa (Ap. 19:11-16, Ga. 2:20, Ro. 6:13, Mt. 7: 21-23).


Un soldado de Cristo no puede luchar eficazmente contra las fuerzas del mal, si primero no se asegura de tener toda la armadura espiritual puesta y haber examinado su vida con la intención de no darle una oportunidad al enemigo para que lo neutralice rápidamente o sea descalificado para la batalla por causa de algún pecado oculto (Efe. 6:10-18, 2 Co. 13:5-7, Pr. 28:13, Ez. 8:12).


En el ámbito terrenal, el rey Saúl fue descalificado por Dios, no solo por desobedecer sus órdenes directas, sino porque el orgullo lo había cegado de tal manera que se había olvidado bajo el mando de quién reinaba; pues en lugar de seguir las instrucciones de Dios, seguía sus propios intereses (1 Sam. 15:1-31).


En el ámbito espiritual, el Lucero de la Mañana quien fuera creado en el Edén de Dios, revestido de esplendor y nombrado querubín protector; fue descalificado y expulsado del trono celestial porque permitió que la maldad hallara cabida en su corazón a tal punto de elaborar y creer la mentira de ser un dios en sí mismo. Satanás cayó del cielo por su pecado de arrogancia y la egoísta audacia de querer obrar separado de Su Hacedor  (Ez. 28:1-19, Is. 14:4-27, Lc. 10:18).


Recuerda, “La rebeldía es tan grave como la adivinación, y la arrogancia, como el pecado de la idolatría.” Por tanto, asegúrate de rendirte completamente a Cristo y obedecerle en todo lo que te pida, antes de querer enfrentar cualquier batalla espiritual (1 Sam 15:23).


Martin Lutero dijo, “Yo he preferido ser obediente, que ser capaz de hacer milagros.”