Grandes Héroes De La Fe - El Profeta Elías

Devocionales

Querido amigo/a, un mundo cambiante requiere un Creador que no cambia. 


Algo que me encanta de la Biblia es que en ella podemos encontrar una perspectiva real de cómo era la gente en cierto momento de la historia y el mover de Dios en cuanto a sus juicios, propósitos y gracia, sobre personas, reinos y naciones. La Biblia dice describe como, por ejemplo, en los tiempos de Noé, la gente se casaba, comía y bebía y no hizo caso sobre la advertencia del diluvio.


De los israelitas que salieron de la cautividad en Egipto nos cuenta que no tuvieron fe y que dudaron de que Dios los introduciría a la Tierra Prometida. Que eran gente terca que prefirió la comodidad en la esclavitud que la bendición de ser guiados por Dios hacia la tierra de libertad.


Hablando del tiempo previo en el que aparecería Elías en la historia de Israel, las Escrituras nos dicen que poco a poco la gloria del reinado de Salomón se fue desvaneciendo debido a que su corazón fue desviado, a adorar a “otros dioses” por causa de las múltiples amantes que tenía, a las cuales quiso complacer levantando altares a dioses extraños, a tal punto, que Salomón no siempre le fue fiel al Señor su Dios como lo había sido su padre David. Como resultado, el reino le fue quitado y la unidad del gran imperio, fue dividido en dos reinos (1 Reyes 11:1-13).


En oportunidades podemos rechazar el plan y los propósitos de Dios al amar más a personas, animales o cosas que a Dios mismo. No podemos tener éxito si olvidamos los principios espirituales que rigen nuestra fe (Ex. 20:3-5,1 Jn. 5:21, Ef. 5:5, Fil. 3:19).


A Salomón lo movía más el romance y la satisfacción sensual, que su amor y devoción por Dios, a tal punto que esto se convirtió en un ídolo en su corazón y lo llevó no solo a pervertir la adoración a Dios, sino que también hizo que se desvaneciera el concepto de tierra de “leche y miel” para las doce tribus de Israel. 


Con el paso del tiempo, es probable que debido a los múltiples “golpes”, dificultades o insuficiencias que nos trae la vida, terminamos centrándonos tanto en nosotros mismos, que nuestra fe se desvanece y desarrollamos, de forma consciente o inconsciente, ídolos para que le den sentido a nuestra existencia, desplazando así el centro de adoración al Dios único, verdadero, inmortal, transcendente e inmanente que reclama toda nuestra atención y devoción; por bienes materiales, personas, o apetitos humanos. 


Recuerda, la verdadera adoración a Dios es centrarse de manera consciente en un esfuerzo continuo por someter todos los aspectos de tu vida a la santidad y dirección soberana de Dios (Rom. 12:1-2).


Y la verdadera fe es ir más allá de nuestros sentimientos de dolor, frustración e ira, para confiar plenamente en un poder más alto, superior a todo lo que vemos, sentimos y creemos, que llamamos ¡Dios!


“ Dios es espíritu, y quienes lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad.”  (Jn 4:24 NTV)