El Outfit Correcto

Devocional

  

EL OUTFIT CORRECTO

 

Realmente han sido unos días asombrosos, creo que Dios realmente ha bajado del cielo muchas cosas para nosotros y ha sido un privilegio acompañarte hasta aquí. 

Creo que debemos dejar que la voz de Jesús se haga más alta que las demás voces de impotencia y temor. Que su sacrificio cubra nuestras imperfecciones y errores y que su amor transforme nuestra manera de pensar cada día. Esa es mi oración para ti. 

 

No olvides que ya se te ha dado un nuevo atuendo. Quizás estabas lejos o lleno de errores, quizás tienes un pasado golpeando a tu puerta cada día queriendo entrar al gran presente que estás teniendo con Dios, o sientes que ya no eres el mismo, has perdido la pasión. Pero lo cierto es que no. Porque todo lo bueno, lo justo, lo puro, lo que es digno de alabanza, lo paciente, lo amoroso del padre ha sido puesto sobre ti, aún antes de que nacieras, Él te amo sobre todas las cosas y tus errores, tus pensamientos, tus acciones pasadas, tus emociones, físico, color, edad. Nada te descalifica para ser la gran persona que Dios te está enviando a ser y el gran hijo/a en que te estás convirtiendo justo ahora. 

 

No dejes que todo lo malo te vista y etiquete de una manera, no te dejes limitar, no te dejes limitar por un temor, el pecado, por tu cuenta de banco, por el lugar en el que has nacido. Todo está en tu ADN. El Espíritu Santo mora en tu ser porque eres hijo/a de Dios y eso es lo más valioso que habrá para siempre. 

 

Cuando el hijo prodigo volvió a casa, el padre lo recibió y le quitó su ropa sucia y dañada, la ropa con la que había estado ensuciándose con cerdos, en lugares incorrectos, ropa pesada, ropa que humillaba y le recordaba al hijo sus acciones.  El padre había estado esperando en la puerta a que regresara y cuando lo hizo, él mismo mandó a traer el mejor atuendo que había, anillos, sandalias nuevas. El padre le hizo traer el atuendo correcto. 

 

Somos justificados, libres, salvos, santos, adecuados, sal, luz, tenemos la mente de Cristo, un espíritu de amor, de poder y dominio propio. Nuestros pies llevan las buenas noticias, somos referenciados por la verdad. Nuestra fe cubre nuestra vida y a los que nos rodean como un escudo. Y tenemos el Espíritu de Dios como espada que atraviesa lo más profundo para romper mentiras, derribar muros y salvar vidas.

 

Somos hijos de Dios.