[Certeza En La Incertidumbre] Quietud En Tiempos De Crisis

Día 5 de 5 • Ver la lectura de hoy

Devocional



Quédate quieto y conoce


La quietud profundiza nuestros corazones y nuestras vidas. La certeza en la incertidumbre viene como resultado de estar quietos delante del Señor y decirle: «Señor, voy a quedarme quieto y conocer que eres Dios». Muchas veces nuestras actividades nos engañan y pensamos que nosotros somos Dios, que nosotros movemos los hilos, que somos los que van a cambiar las cosas. Sin embargo, cuando aprendemos a estar quietos, aprendemos que el Señor es quien hace eso. 


Cuando nos dormimos, estamos quietos. Dios se sigue moviendo, él sigue estando en su trono. Aprendemos a confiar en el Señor cada noche cuando nos acostamos y quedamos quietos. Por eso cuando nos preocupamos, nos cuesta dormir, porque estamos tratando de solucionar cosas en nuestra mente mientras estamos acostados. Es ahí cuando Dios nos sigue diciendo: «Quédate quieto y conoce que yo soy Dios».


La quietud también profundiza nuestra relación con Dios, profundiza nuestro conocimiento de él, de quién es, lo que hace y lo que puede hacer. La quietud delante del Señor puede lograr cosas grandiosas en nuestras vidas porque nos permite comprender lo que estamos atravesando. Nos da la oportunidad de preguntar: ¿Por qué? Nos ayuda a descubrir lo que sentimos y lo que estamos atravesando. El Salmo 42:5 dice: «¿Por qué voy a inquietarme? ¿Por qué me voy a angustiar? En Dios pondré mi esperanza y todavía lo alabaré. ¡Él es mi Salvador y mi Dios!». Cuando sabemos quién es Dios, podemos hacer estas preguntas y encontrar respuesta en él. 


Cuando estamos quietos podemos conocer quien es Dios y escuchar su voz. Necesitamos hacer tiempo para conocerle y escuchar su voz, dejar nuestros celulares y tabletas electrónicas, apagar nuestro televisor, frenar nuestras actividades y quedarnos quietos, callados, escuchar el suave murmullo de su voz. 1 de Reyes 19:11–12 dice: «El Señor le ordenó: —Sal y preséntate ante mí en la montaña, porque estoy a punto de pasar por allí. Como heraldo del Señor vino un viento recio, tan violento que partió las montañas e hizo añicos las rocas; pero el Señor no estaba en el viento. Después del viento hubo un terremoto, pero el Señor tampoco estaba en el terremoto. Tras el terremoto vino un fuego, pero el Señor tampoco estaba en el fuego. Y después del fuego vino un suave murmullo». La voz del Señor estaba en ese suave murmullo. 


Necesitamos saber que Dios es Dios sobre nuestro dolor, es Dios sobre nuestro placer. Él es Dios sobre nuestra actividad y nuestro descanso. Dios puede hacer grandes cosas si nosotros, en nuestra quietud, reconocemos que él es Dios. «Quédate quieto y reconoce que soy Dios».


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