Una vida mejor con Christy Muller

Devocionales

Escenarios Lúgubres


«¿Cómo creen que, de esas piedras quemadas, de esos escombros, van a hacer algo nuevo?» —Nehemías 4:2, CST


«Hoy no es un buen día para pescar», decía el abuelo. Solo con mirar al cielo y al agua, el viejo marinero ya sabía si sería un buen día para pescar o no. Aunque tú y yo posiblemente no seamos eruditos en el tema de la pesca, creo que en muchas otras áreas somos capaces de reconocer cuando un momento es favorable para que se den cosas buenas y cuando no. 


Quizás actualmente estés atravesando un tiempo desafiante y aparentemente desfavorable en tu vida. Uno de esos momentos en los que no esperaríamos que nada bueno ocurriera. Por el contrario, por cómo van las cosas podríamos incluso estar asustados pensando que pueden empeorar. Hoy quiero compartir contigo una historia que te hará considerar que en medio de los peores escenarios de nuestra vida algo nuevo y muy bueno puede acontecer.


Una historia fascinante 


Había en el palacio del rey Artajerjes un judío llamado Nehemías que se desempeñaba como coopero del rey. Nuestra historia comienza cuando este hombre recibe la noticia de que su pueblo se ha dispersado y su ciudad natal, llamada Jerusalén, estaba en ruinas. 


Dice la Biblia en Nehemías 1:3 que el pueblo judío estaba enfrentando una gran calamidad. La calamidad es una desgracia o infortunio generalmente colectivo; es decir, que alcanza a muchas personas. Por lo que no estamos ante un escenario en el que una sola persona en su carácter personal padece, sino en el que muchas personas padecen. Todos nosotros entendemos lo que es enfrentarnos a una calamidad. Como pueblo y nación hemos enfrentado terremotos, huracanes, pandemias y diferentes tipos de situaciones que han traído dolor a muchos. Por otro lado, también cada uno en nuestro carácter personal ha enfrentado momentos de adversidad que han traído a nosotros profundo dolor.


Cuando Nehemías supo la condición de su ciudad, lloró, guardó luto y pidió a Dios perdón por él, su familia y su pueblo. Mientras oraba, hacía memoria de las promesas de Dios diciendo aquello que Él les había prometido: «Si se vuelven a mí, y obedecen y ponen en práctica mis mandamientos, aunque hayan sido llevados al lugar más apartado del mundo los recogeré y los haré volver al lugar donde he decidido habitar» (Nehemías 1:9, NVI), Fue con esta actitud de humildad y arrepentimiento que Nehemías se dispuso a reconstruir Jerusalén. Al llegar a su tierra inspeccionó con sus propios ojos la ciudad. No puedo imaginar el dolor que debe haber experimentado al ver los lugares donde había crecido totalmente destruidos. Eran días duros para Nehemías y su pueblo; sin embargo, él no permitió que lo que sus ojos veían lo desanimaran; por el contrario, se preparó y animó a otros para reconstruir Jerusalén. 


Cuando supieron los enemigos que Nehemías y sus hombres estaban levantando los muros, y reconstruyendo cada puerta de la ciudad, se enojaron e intentando desanimarlos dijeron: «¿Cómo creen que, de esas piedras quemadas, de esos escombros, van a hacer algo nuevo?». 


Esta pregunta es una muy bien pensada, creada específicamente para desanimar y tratar de detener el plan de Dios. Posiblemente, esta pregunta se te haga familiar. Quizás el enemigo coloca este tipo de pensamientos en tu corazón: ¿cómo crees que saldrá algo bueno de esta situación tan difícil que estás viviendo? ¿Cómo crees que tu familia será reconstruida después de todo lo que han vivido? ¿Cómo crees que tu corazón puede ser sanado después de haber sido tan herido? ¿Cómo crees que puedas levantarte después de una caída tan vergonzosa? ¿Cómo crees que puedas ser feliz después de esta perdida?


Un momento para mí


En el momento del dolor todos podríamos pensar que no hay salida, que la oscuridad es demasiado densa, que el foso es muy profundo, que el escenario es demasiado difícil; para que algo nuevo y bueno pueda ocurrir. Actualmente, ¿hay alguna situación por la que estés atravesando que te haga sentir así? 


Cuando Nehemías se enfrentó a esta pregunta, en lugar de darle lugar a las dudas o al temor, él continúo orando y reconstruyendo Jerusalén. Al ver los enemigos que Nehemías no fue desanimado, entonces decidieron levantarse para matar a los que reconstruían la ciudad. Nehemías tampoco se amedrentó al saber esto, sino que mandó al pueblo que reconstruía la ciudad que siguieran a trabajar y velar. En una mano llevaban la herramienta para construir y en la otra la espada para luchar.


El desenlace de esta historia es extraordinario. ¡Nehemías y su gente reconstruyeron Jerusalén y muchos de los judíos volvieron a su tierra!


Nuestra historia


Al leer esta historia podríamos ver la nuestra. Posiblemente, nuestro escenario actual es tan sombrío como la Jerusalén destruida. Quizás estemos enfrentando individualmente o como pueblo una gran calamidad, pero hay algo que tú y yo tenemos que entender, y es que Dios no necesita escenarios adecuados para hacer su obra extraordinaria. En el principio, Dios tomó un mundo vacío, oscuro y en caos para llenarlo de vida, orden y luz. Dios es capaz de entrar a los escenarios más adversos y crear algo totalmente nuevo, hermoso y limpio. 


Si al igual que Nehemías, en medio de la calamidad levantas tu mirada al cielo y pides perdón a Dios por aquellos pecados que sabes que te han alejado de Él. Si comienzas a escudriñar la Palabra de Dios para en medio de la calamidad tener presente y creer a sus promesas. Si como Nehemías no solo lloras, sino que te comprometes en obedecer y hacer lo que te corresponde. Si como este hombre no das lugar a los pensamientos que te hacen dudar o detenerte, sino que orando continúas adelante. Si cuando la batalla se vuelva más fuerte, tú decides tomar tu herramienta en una mano y la espada en la otra. Te aseguro que aun en medio de los escombros, Dios hará algo nuevo en medio de ti, y como con Jerusalén tus puertas y muros serán reconstruidos.   


«La muralla se terminó el día veinticinco del mes de elul.... Cuando todos muestro enemigos se enteraron de esto, las naciones vecinas se sintieron humilladas, pues reconocieron que ese trabajo se había hecho con la ayuda de nuestro Dios» (Nehemías 6:15, 16, NVI)


Tú y yo no estamos solos. A pesar de la adversidad que atravesemos, seremos reconstruidos y nacerá algo nuevo porque Dios mismo es quien está a nuestro lado y nos ayudará. 


Oración: Padre, así como Nehemías tuvo que sentir dolor al ver cómo había quedado Jerusalén, hoy yo siento tristeza al encontrarme en medio de la situación que enfrento. Sin embargo, levanto mi mirada a ti, te pido perdón y me comprometo a obedecerte sabiendo que en tus brazos de amor seré reconstruido. En el nombre Jesús. Amén.  


Si esta reflexión ha hablado a tu corazón te invitamos a pedir el nuevo libro de Una vida mejor de la autora Christy Muller que saldrá a la venta en el que encontrarás herramientas específicas para sanar y crecer. Prólogo por: Christine D’Clario