Una vida mejor con Christy Muller

Devocionales

No estoy aquí para juzgarte, estoy aquí para ayudarte


«Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él» —Juan 3:17, RVR1960


Imagina que has sido acusado de un delito grave y entras a la sala del tribunal. Allí ves a varios personajes: el fiscal, tu abogado y el juez. Si fueras a decir cuál de estos tres desea lo mejor para ti, seguramente coincidiremos todos en que es tu abogado. Él está ahí para ti, para representarte y defenderte. 


Muchas personas cuando piensan en Dios inmediatamente lo colocan en la silla del juez, incluso en la del fiscal que acusa. Sin embargo, nada es más lejos de la verdad. La Biblia enseña que el acusador es Satanás nuestro enemigo (Apocalipsis 12:10). Jesús es nuestro abogado (1ra Juan 12:1), por lo que es Él, y quien desea lo mejor para ti, no el mundo. 


A veces nos acecha la idea de que el mundo nos ofrece mientras que Dios nos limita. Sin embargo, si analizamos bien, descubriremos que Dios nos limita en aquellas cosas que finalmente nos harán daño. Analiza los mandamientos y pregúntate si no son todos para tu bien. Por ejemplo; si robas vas a la cárcel, si mientes las personas no confiarán en ti, si deshonras a tus padres traerás dolor a sus vidas y posiblemente también a la tuya. Si lo piensas bien, los límites de Dios son una expresión de su amor. Él no está haciendo el papel de juez cuando te coloca límites, sino de abogado que te guarda.  Permíteme explicarme; si has tenido la experiencia de tener un caso en corte, sabrás que los abogados le sugieren ciertas restricciones al cliente para que le vaya bien durante el proceso del juicio. Por ejemplo; si se te acusa de agresión, posiblemente te recomienden que no te acerques a la persona a quien supuestamente agrediste, ni tengas ningún tipo de comunicación con ella. Estas restricciones son colocadas por el abogado con el único propósito de que a su cliente le vaya bien. 


Es tiempo de que entendamos que Jesucristo anhela lo mejor para nosotros. Él no vino a esta tierra a enfrentar el dolor, la traición y hasta la muerte para finalmente condenarnos. Eso lo pudo haber hecho sin sufrir. Él se sacrificó para salvarnos; y todas y cada una de las reglas que ha establecido en las Escrituras son para nuestro bien. «Nunca se aparte de tu boca este libro de la Ley; más bien, medita en él de día y de noche, para que guardes y cumplas todo lo que está escrito en él. Así tendrás éxito y todo te saldrá bien.” —Josué 1:8 (RVR2015, énfasis mío)


Un momento para mí


Todos podemos cometer el error de pensar que las reglas son fastidiosas, en lugar de algo beneficioso, y que Dios es como un juez que está listo para juzgarnos cuando las infringimos. ¿Entiendes que esta ha sido tu mentalidad hasta hoy, o tienes claro que Él es un abogado que anhela lo mejor para ti? 


Un corazón genuino


Una de las primeras cosas que un abogado le dice a su cliente es «yo quiero que me digas absolutamente toda la verdad». La mejor manera de defender a una persona es que esta sea totalmente honesta con su defensor. Por oscura, difícil o trágica que sea la situación, el acusado debe saber que está seguro cuando abre su corazón ante su abogado. Y es exactamente así que debemos presentarnos ante Jesús. Él no ha llegado a tu vida para acusarte, sino para defenderte. 


Ahora bien, la defensa del Señor no se trata únicamente de perdonarte, sino también de enseñarte a vivir de tal forma que tus próximas decisiones conserven la libertad que te ha dado. Piensa en esto, cuando una persona es encarcelada justamente, se debe a que tomó decisiones equivocadas. Nosotros, de igual manera, atamos nuestra vida por nuestras malas decisiones. Posiblemente, escogimos comenzar una relación con quien no debimos, nos expusimos a cosas que nos dañaban, mientras nos alejábamos de las que nos hacían bien. Quizás elegimos ser egoístas en lugar de pensar en los demás, entre otras tantas decisiones equivocadas que podemos elegir. Sin darnos cuenta, decisión tras decisión nos vamos atando y lastimando. 


Es necesario que por dolorosa o vergonzosa que sea la verdad aprendamos a ser honestos con Dios. No pienses que no tienes que hablarle, ya que Él lo sabe todo; porque la realidad es que Él anhela que le abras tu corazón con sinceridad y sin apariencias le digas exactamente cómo te sientes, lo que has hecho y vivido. No hay forma de obtener, ni conservar la libertad sin la verdad. «...la verdad los hará libres». —Juan 8:32 (NTV)


Preséntate ante tu abogado sin apariencias


Jesús es un abogado muy particular. Como sabemos, hay abogados cuyos honorarios son muy costosos por lo que no todas las personas podrían ser defendidas por ellos. Pero Jesús, en lugar de cobrarte por su defensa, pagó. Sí, Jesús pagó para representarnos y defendernos. Él ha derramado su sangre para darnos una vida abundante y eterna. En el Antiguo Testamento, Dios declaró: «La sangre es la que da vida al cuerpo. Yo mismo les he dado la sangre de los animales para que me la presenten ante el altar, y gracias a la vida que hay en ella, ustedes obtengan mi perdón» (Levítico 17:11, TLA, énfasis mío). Para expiar nuestros pecados era necesario derramar sangre; por lo que Jesús derramó toda la suya para convertirse en tu defensor. ¿Acaso has conocido un amor más grande y genuino que este? 


Hoy te invito a correr en la dirección correcta y aceptar el amor, la defensa y la guia del Salvador en tu vida.


Oración: Jesús, reconozco que eres el hijo de Dios, que derramaste tu sangre para pagar por mis pecados. Hoy te recibo como el Salvador y el Señor de mi vida. Lléname con tu Espíritu Santo y hazme una nueva criatura. En el nombre de Jesús. Amén. 


Si esta reflexión ha hablado a tu corazón te invitamos a pedir el nuevo libro de Una vida mejor de la autora Christy Muller que saldrá a la venta en el que encontrarás herramientas específicas para sanar y crecer. Prólogo por: Christine D’Clario