Una vida mejor con Christy Muller

Devocionales

Sigue siendo el mismo


«Jesucristo es el mismo ayer, hoy y siempre» —Hebreos 13:8, NTV


¿Te ha sucedido que tenías un buen amigo con quien perdiste contacto y al reencontrarse te das cuenta que sigue siendo el mismo? ¡Qué bien se siente cuando la distancia, ni el tiempo cambia lo lindo de las personas que amamos! La Biblia dice que así es nuestro Dios. Él no cambia, continúa siendo el mismo por todos los siglos. ¿Por qué esta realidad debería ser tan importante para nosotros? Justamente porque Dios demostró en el pasado un carácter en el que tú y yo podemos confiar hoy.


Tres historias


Había un hombre llamado Abram, el cual tenía una petición en su corazón. Él y su esposa, Sara, deseaban tener hijos, pero no podían, ya que ella era estéril. Sin embargo, a pesar de la situación tan dolorosa que enfrentaban, Dios le hizo una promesa a Abram. «Entonces el SEÑOR llevó a Abram afuera y le dijo: —Mira al cielo y, si puedes, cuenta las estrellas. ¡Esa es la cantidad de descendientes que tendrás! Y Abram creyó al Señor, y el Señor lo consideró justo debido a su fe” (Génesis 15:5, 6, NTV). 


Dios le concedería a Abram el deseo de su corazón, pues Él tenía un plan con su descendencia. Pasaron años antes de que Abram viera esa promesa cumplida, pero en el tiempo de Dios sucedió. «Tal como el Señor lo había dicho, se ocupó de Sara y cumplió con la promesa que le había hecho. Sara quedó embarazada y le dio un hijo a Abraham en su vejez. Esto sucedió en el tiempo anunciado por Dios» (Génesis 21:1 ,2, NVI). 


Dios cumplió su promesa y convirtió a Abram en el padre de una gran nación que prevalece hasta hoy. 


En el libro de Éxodo se nos presenta la poderosa liberación del pueblo de Israel. Dios hizo una promesa a su siervo Moisés. «Por tanto, di a los hijos de Israel: “Yo soy el Señor, y os sacaré de debajo de las cargas de los egipcios, y os libraré de su esclavitud, y os redimiré con brazo extendido y con juicios grandes. Y os tomaré por pueblo mío, y yo seré vuestro Dios; y sabréis que yo soy el Señor vuestro Dios, que os sacó de debajo de las cargas de los egipcios» (Éxodo 6:6, 7, LBLA).


Después de esta promesa, Moisés y el pueblo atravesaron muchas vicisitudes, pero en medio de todas ellas Dios revelaba su fidelidad. Una muestra de esto fue cuando andando el pueblo por el desierto tuvieron hambre y no había qué comer. Entonces Moisés clamó a Dios y Él les dio maná que bajaba del cielo cada día. El maná tenía el «aspecto» de una sustancia transparente, similar a la cera, con una forma parecida a la de una perla. Su sabor era comparable al de «tortas aplastadas con miel» o «una torta dulce aceitada». Después de molerse en un molino de mano o machacarse en un mortero, se hervía, o bien se hacían con él tortas y se horneaba. De la misma manera, cuando el pueblo tenía sed y no hallaban agua, Dios hacía que brotara agua de una peña. Así mostró Dios su fidelidad durante cuarenta años. 


Una historia similar se encuentra en el Nuevo Testamento. Un día Jesús estaba predicando, y una gran multitud que escuchaban sus palabras tuvo hambre. Jesús, teniendo compasión de ellos, tomó cinco panes y dos peces y dio de comer a todos ellos. «Comieron todos hasta quedar satisfechos, y los discípulos recogieron doce canastas llenas de pedazos de pan y de pescado. Los que comieron fueron cinco mil” (Marcos 6:42-44).


¡No imagino el asombro de todos los que estaban allí al poder ser alimentados con solo cinco panes y dos peces! 


Dios demostró claramente que pueden pasar los años y cambiar las generaciones, pero Su fidelidad permanece inconmovible para Su pueblo. 


Sucedió en los tiempos en los que reinaba el rey Saúl sobre Israel que un simple pastor de ovejas de la tribu de Judá fue elegido por Dios para reinar en lugar de Saúl: su nombre era David. 


Dios le habló al profeta Samuel diciéndole: «... ponte en camino. Voy a enviarte a Belén, a la casa de Isaí, pues he escogido como rey a uno de sus hijos. […]Isaí mandó a buscarlo [a David], y se lo trajeron. Era buen mozo, trigueño y de buena presencia. El SEÑOR le dijo a Samuel: —Este es; levántate y úngelo. [...]Samuel tomó el cuerno de aceite y ungió al joven en presencia de sus hermanos. Entonces el Espíritu del SEÑOR vino con poder sobre David, y desde ese día estuvo con él (1 Samuel 16:1, 12, 13). 


Muchos eruditos piensan que desde ese día en el que David recibió esta promesa de parte de Dios hasta el día que se cumplió pasaron alrededor de quince años. Tiempo en el que David tuvo que enfrentar grandes desafíos entre los cuales estuvo en juego su propia vida. Sin embargo, Dios mostró su fidelidad a David preservando su vida durante todo este tiempo hasta que llegado el tiempo se cumplió la promesa y reinó David sobre Israel.


Un momento para mí


Todos podemos atravesar por situaciones similares a las que vivieron las personas de estas historias. ¿Hay alguna con la que te identificas actualmente?


Nuestra historia


Quizás hoy, al igual que Abram, tienes una petición en tu corazón que no ha sido respondida, o al igual que el pueblo de Israel, hay algo que realmente necesitas y tú solo no tienes los medios para conseguirlo. Tal vez como David has recibido una promesa y pareciera que en tu vida sucede todo lo contrario a la palabra que has recibido.


Al comienzo compartí contigo que hay amigos que el tiempo no los cambia. La Biblia enseña que Dios es ese tipo de amigo. Él continúa siendo el mismo, y como estuvo con Abram, con Israel y con David, Él está contigo. Dios no se ha olvidado de ti, porque al igual que en los tiempos antiguos, Dios continúa amando a Sus hijos y cumpliendo Sus promesas.


DIOS NO CAMBIA


Ninguno de estos hombres estuvo exento de sufrir, cada uno pasó por procesos, porque, tal y como dijo Jesús, en el mundo tendremos aflicción, pero podemos confiar que Él ha vencido al mundo. Dios ha demostrado ser inquebrantablemente fiel. Él es el mismo ayer, hoy y por siempre, así que no dudes que en Su tiempo hará algo extraordinario en tu vida.


Podemos creer que la palabra tarda en cumplirse, pero Dios es fiel a Sus promesas.


Podemos pasar por muchas cosas que no entendemos, pero Dios es fiel a Sus promesas.


Podemos experimentar situaciones que jamás pensamos atravesar, pero Dios es fiel a Sus promesas.


Nuestro Dios es fiel


Oración: Padre, en cada rincón de las Escrituras veo impregnado tu carácter fiel. Te pido perdón por las veces que he pensado que te has olvidado de mí o eres indiferente a mi dolor. Ayúdame a esperar en ti, creyendo que tienes cuidado de mí, y en tu tiempo perfecto, así como hiciste con tus siervos en la antigüedad, harás algo extraordinario en mí. En el nombre de Jesús. Amén. 


Si esta reflexión ha hablado a tu corazón te invitamos a pedir el nuevo libro de Una vida mejor de la autora Christy Muller que saldrá a la venta en el que encontrarás herramientas específicas para sanar y crecer. Prólogo por: Christine D’Clario 


*Biblioteca en línea Watchtower – JW. org