DecisionesMuestra

Elige perdonar
“Soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros” (Colosenses 3:13 RVR1960).
Puede que haya pocas cosas tan difíciles como perdonar. Si se reflexiona desde la lógica más elemental, perdonar no cambia el pasado, no lo borra, y cualquier intento de restitución es incompleto, el daño está hecho, y su sanidad suele ser un proceso largo y profundo. Por otra parte, siempre quedará el recuerdo. No se olvida el agravio padecido, incluso, puede quedar en la memoria como punzadas silenciosas, como un dolor desesperado en el alma. Entonces, ¿por qué perdonar? ¿Qué gana el agredido con conmutar al agresor? Pues hay un rédito en el perdón, uno que por su valía merece que otorguemos la amnistía al ofensor. Esa ganancia es la paz.
Cuando perdonamos, por fin es posible regresar al pasado y volver al presente ileso. Precisamente de eso trata el perdón, de indultar al que falló, de cancelar su deuda con nosotros porque sí, porque ya uno no quiere ser prisionero de rencores perniciosos. Alguien dijo que: “Sentir odio y deseo de venganza es como tomar veneno y esperar que el otro se muera". El que no perdona, siempre pierde. El rencor es además gangrenoso, consume a aquel que lo abraza, es profundamente autodestructivo. Perdonar es el único camino posible para eliminar el dolor provocado por la afrenta. Perdonar cuesta, pero más costoso todavía es no perdonar.
Desmond Tutu, el clérigo anglicano, premio Nobel de la paz por su lucha contra el apartheid en Sudáfrica, dijo: “No hay futuro sin perdón". No se puede rehacer una nación si prevalece el odio, la sed de venganza y el “ojo por ojo”. De la misma manera no avanza a buen paso quien se dejó vencer por el rencor. La falta de perdón es un indeseable lastre. ¡Suéltalo! La vida es muy corta para cargar pesados baúles de amargura a la espalda. Desházte de todo aquello que te estorbe en tu camino al cielo.
Si no puedes perdonar, pídele ayuda a aquel que fue inocente en todo y aun así lo mataron. Alza los ojos y mira las heridas en sus manos, pies, cabeza y costado. Mírale colgando de un madero, asfixiándose por la postura propia de los condenados a la crucifixión. Ahí, entre dos ladrones, ante la mirada despectiva de sus enemigos, ante la satisfacción enfermiza de los fariseos y, sin embargo, él rogó por perdón para todos.
El inocente perdonando a sus asesinos. Tal ejemplo tenemos. El que fue sin mancha ni falta alguna perdonó al mundo en su rebelión para que nosotros tengamos una referencia luminosa en él. Elige pues, la paz, elige perdonar.
Acerca de este Plan

La vida está hecha de decisiones. Abrimos los ojos por la mañana, y ahí comienza todo. Al final de la jornada seremos la suma de nuestros actos. Si esa suma es positiva, la vida será luminosa. En este plan te comparto tres decisiones —entre muchas otras— que bien haríamos en considerar si anhelamos una vida plena en Cristo.
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Nos gustaría agradecer a Como Jesús por proporcionar este plan. Para obtener más información, visite: www.instagram.com/osmanycruz