Escuchar la voz de Dios.

Devocionales

María, escogida por la voz de Dios.


María, una adolescente que escuchó la voz de Dios


¿Cuántos hemos querido que un ángel se nos apareciera a decirnos una palabra de Dios? Al contrario de lo que muchas veces pensamos, escuchar la voz de Dios no es algo reservado para unos cuantos seleccionados, o que requiera aislarse en una montaña en el Tíbet; Dios está hablando hoy, justo en el lugar y en el momento en el que tú estás. De hecho, tu espíritu fue específicamente diseñado para estar en comunión con el Espíritu Santo, fuiste diseñado para escuchar su voz. 


Pero considera esto, aunque realmente un ángel se le apareció a María, la palabra ángel literalmente significa “enviado”. ¿Podría ser que tu “enviado” fuese tu amigo, o tu pastor, o tus padres? Seamos sensibles para reconocer su voz, recordando que Dios nunca va a contradecir su Palabra, sino que toda palabra deberá ser respaldada por la Biblia.


Entonces, no es una cuestión de capacidad, a veces sólo se trata de detenerte a escuchar. Nuestros oídos se han acostumbrado tanto a escuchar otras voces -de la cultura, de figuras de autoridad, redes sociales, medios de comunicación, etc-, que a veces olvidamos que la voz más importante, la que merece mi atención no dividida, es la voz de Dios. 


La Biblia es la Palabra de Dios, en ella Dios decidió continuar revelándose a nosotros, en ella Dios ya ha hablado sobre nuestro propósito y nuestra identidad. A veces pensamos que una experiencia como la de María nos haría cambiar, o creer “más”, pero no es así. Un encuentro con la Palabra es tener un encuentro con Dios, y cuando aceptamos a Jesús en nuestro corazón tenemos acceso al Espíritu Santo. Piensa esto, Jesús estuvo en la tierra, ¡Dios mismo! y no lo reconocieron.


Dios ya nos ha enviado a su hijo, el verbo hecho carne, a darnos el mensaje de amor y salvación más importante, y a través de su obra en la cruz, abrió un camino para que podamos escuchar la voz de Dios a través de su Espíritu, y ser uno con Él.


Tip práctico:


Prioriza en tu día un tiempo especial con Dios y para leer tu Biblia, y reserva dos minutos para estar en silencio. No estamos acostumbrados, pero esta práctica te ayudará a posicionar tu corazón intencionalmente a estar presente y escuchar, es como decir: “Jesús, tienes mi atención”. No te preocupes si te empiezas a distraer, no se trata de vaciar tu mente, sino de enfocarte en Jesús, anota tus pendientes en una hoja, y déjalos para después. 


Oración:


Dios, gracias por revelarte a mi vida, gracias porque sigues hablando, y porque has abierto un camino para poder tener una amistad contigo. Anhelo escuchar tu voz. Jesús, tienes toda mi atención, habla lo que quieras hablar, tu Palabra es preciosa para mí. Enséñame a reconocer cada vez más tu voz por encima del ruido y de otras voces. En el nombre de Jesús, amén.