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Devocional

David: Un hombre de apasionada confianza


David fue apasionado siendo un pastor, un compositor, un soldado y un rey soberano; él intervino en la composición de más de 150 Salmos. David amó y confió en Dios apasionadamente. Siendo un muchacho, se enfrentó al gigante Goliat, una fortaleza andante enfundado en una armadura de más de 90 kilos de peso (1 Samuel 17.5-6); David le gritó “yo vengo a ti en el nombre de Jehová de los ejércitos” (17.45); para finalmente usando una piedra acabó con este hombre (17.49).


David confió también en Dios durante esa especie de danza con la muerte que tuvo con el rey Saúl, quien al principio le había recompensado muy generosamente por haber terminado con el temible Goliat; para luego ser consumido por los celos al recibir David mejores elogios: “Saúl hirió a sus miles, y David a sus diez miles” (1 Samuel 18.7). David fue ungido con “él Espíritu de Jehová” (16.13), mientras Saúl fue atormentado por un “espíritu malo” (18.10) que le hizo desear matar a David; fue así como David se convirtió en un fugitivo. Por si fuera poco, atrajo a una turba de forajidos descontentos (1Samuel 22.1-2) que pronto se convirtieron en cientos bajo su liderazgo.


David pudo haber terminado aquel tormento asesinando a aquel que pretendía matarlo, y tuvo por lo menos dos oportunidades de hacerlo (1 Samuel 24 y 27). No obstante David se rehusó a matar a Saúl, “Jamás le haría daño, es el ungido del Señor”. Finalmente David fue exculpado y llegó a ser rey, primeramente en Judá (2 Samuel 2.4), y más tarde en todo Israel (5.5). El reinado de David duró por más de 40 años.


Pero la pasión del rey David no estaba enfocada en Dios cuando una joven mujer, que se bañaba en su terraza, llamó su atención; simplemente, David tenía que poseerla. El problema era que esta mujer, llamada Betsabé era casada; y cuando una noche de amor dio como resultado un embarazo, un pecado llevó a otro hasta que finalmente murieron al menos tres personas (2 Samuel 11.21; 12.19).


David confesó su pecado (Salmo 51) al ser confrontado por el profeta Natán (2 Samuel 12.1-7); fue perdonado (Salmo 32.1-5), pero tuvo que vivir con las consecuencias de su pecado. Su hijo Amón violó a una hija de David, su hermana Tamar; y su otro hijo Absalón cometió un asesinato. Debido a su vergüenza David no pudo confrontar a ninguno de ellos.


Aun cuando él pecado de David fue serio, Dios dice de él que fue un “varón conforme a mi corazón” (Hechos 13.22). Apasionadamente amó al Señor quien lo amó y lo perdonó.