Hombres De Integridad

Día 3 de 10 • Ver la lectura de hoy

Devocional

José: Un hombre que huyó de la tentación


Como la crema, José se elevó hasta la cima. Cada vez que hizo frente a la tentación, triunfó. Él fue el penúltimo de los hijos de Jacob, pero el primero de los hijos de la esposa favorita de Jacob, Raquel. Tuvo dos sueños importantes. No sabemos cómo fue que mencionó estos sueños a sus hermanos, en los que se inclinaban hacia él, pero lo odiaron por el contenido de dichos sueños.


En una ocasión, su padre mandó a José a ver a sus hermanos en Siquem. Pero sus hermanos estaban cansados de sus sueños y su posición de privilegio, así que arrojaron a José a una fosa. A pesar de que habían planeado matarlo, finalmente lo vendieron a unos comerciantes. A la edad de 17 años, José fue llevado a Egipto a cientos de kilómetros de distancia, donde llegó a ser esclavo. La mayoría de las personas en esta situación hubieran sido tentadas por la amargura. Pero no José. Y ascendió hasta la cima.


José era “de hermoso semblante y bella presencia” (Génesis 39.6), a más de 480 kilómetros de distancia de casa y soltero. Esto era ideal para alguien como la esposa de Potifar. Ella lo acosaba “cada = día” (Génesis 39.10), pero él continuaba diciendo que no. Al intentarlo ella por última vez (Génesis 39.12), tomándole de la ropa, José corrió dejando su ropa en las manos de ella.


La cárcel fue la recompensa por su buena conducta. Aun allí, José ascendió a la cima. Al fin obtuvo su oportunidad cuando los expertos egipcios no pudieron descifrar el sueño del faraón; fue el jefe de los coperos del faraón quien recordó el don de interpretación de José (Génesis 41.9-13). Sin embargo, José no se atribuyó el mérito de la interpretación del sueño; reconoció que sólo Dios podría haber hecho esto (Génesis 41.16).


El faraón nombró a José “vicepresidente” del país (Génesis 41.33, 37-44). Veinte años más tarde, cuando los hermanos de José fueron a Egipto a comprar alimentos, ellos no reconocieron a su hermano. Pero él sí les conoció. Les hizo pasar unas pruebas para ver si habían cambiado desde que lo habían vendido como esclavo, pero resistió la tentación de hacerles pagar por lo que habían hecho. Al decirles José que se trataba de su hermano, ellos temieron por sus vidas. Pero José les mostró el verdadero perdón.


José fue vendido de la casa de su padre, seducido en la casa de Potifar, además de sufrir en prisión; aún así, permaneció fiel a Dios. Triunfó sobre la tentación.