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Devocionales

Comunicar valor: Relaciones más profundas en medio de la tensión


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Las relaciones. Exigen gran comunicación. Ya sea en la amistad, en el matrimonio o en la familia, la comunicación es como un pastel. Cuanto mayor sea la profundidad a la que deseo progresar, una capa tras otra —mediante las expectativas, la tensión, las suposiciones y las conversaciones torpes—, y glasear todo el conjunto con preguntas esclarecedoras, más satisfactoria se volverá la intimidad. Al variar las relaciones de una persona a otra, al practicar el escuchar y el compartir, somos cambiados del para ella al de ella, y entendemos mejor el corazón de Dios en ella.


Comunicar valor es más que mostrarle amor a alguien; es querer que esa persona se sienta conocida, escuchada y valorada a su modo único, independientemente de la forma imperfecta en que se le transmita.


Cuando surge la tensión, me encuentro en el proceso de aprender cómo ver a esa persona en la forma en que Jesús la ve. Solo puedo conseguirlo si conozco primero a mi Padre de una manera íntima. Cuando le llevo a Él mis palabras y mis expectativas torpes, encuentro seguridad, gracia y aceptación. Al poder llegar a una profunda relación con mi Padre, espero experimentar un desbordamiento de la misma conexión con mi esposo, mi familia y mis amigas.


Comunicar valor es algo que empieza por formular preguntas sencillas: “¿En qué medida te sientes valorada? ¿Cómo puedo entender mejor tu corazón en este momento? ¿Cómo puedo ver más allá de esta tensión, y responder con amor, sabiendo que Dios nos adora igual, y quiere que avancemos en esta cosa relacional?”.


Las relaciones suceden a propósito. Se lucha por ver más allá, por llegar a percibir lo más interno, y por comunicar, en especial cuando la vida se complica. La conexión profunda se crea cuando honro el propósito de la verdadera intimidad, y te valoro a ti tanto como a mí misma.


Las relaciones verdaderas, las realaciones, se parecen al corazón del Padre: tienen profundas capas de transparencia, de preguntar, de compartir y, sobre todo, de escuchar. No lo haré a la perfección al primer intento, o tal vez jamás, pero desde luego me siento más a gusto cuanto más profundizo en ello.