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Dia 3 de 7 • Ver la lectura de hoy

Devocionales

¿Quién soy yo? Reclamar la identidad de Jesús durante la transición


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¿No es curiosa nuestra forma de ir alegremente por nuestro camino, hasta que se produce un cambio y, entonces, entramos en pánico? Yo sabía que esto iba a ocurrir, ¿pero de verdad? ¿Por qué no está sucediendo todo como planeado? ¿Dónde está Dios en esta transición? ¿Y si fuera posible no sentirse desconcertada —dónde estaba antes la vida, adónde creemos que debería ir—, sino responder con una fe confiada, y aferrarse a un Dios que todo lo sabe? Dado que las transiciones son los síntomas de una vida siempre cambiante, nuestra forma de responder a ellas revela nuestra verdadera identidad. 


¿Qué es, pues, la identidad? Es quien tú eres. Mejor aún, de quién eres. Observa que, cuando la vida se desestabiliza, cuando se produce un problema en nuestros planes fabulosamente ideados, cómo se dispara una crisis de identidad que nos invita a examinar uno de estos ámbitos: los ideales, las emociones o las funciones. ¿Hallamos nuestra identidad en algunos de estos campos? ¿Y si, en su lugar acudiéramos a la verdad de Dios en busca de recordatorios de identidad?


Somos hechas a imagen de (Génesis 1.26-27).


Es decir, hecha de un modo formidable y maravilloso (Salmos 139.14).


Somos escogidas (1 Pedro 2.9)


Somos la morada del Espíritu Santo (1 Corintios 6.19-20)


Ahí es donde encontramos nuestra identidad. Esto es quienes somos. Cuando lleguen las mudanzas, los cambios de trabajo, los bebés o una enfermedad grave, consuélate sabiendo que eres suficiente, porque el Espíritu del Señor vive dentro de ti. Independientemente de lo que ocurra, tu identidad no será conmovida.




Señor, haz que pueda estar arraigada en tu verdad, y que sepa que mi valor y mi valía supremos se encuentran en ti. Al vivir esta verdad, haz que mi identidad rebose en todo lo que hago y digo, y que refleje a mi Hacedor. Que yo pueda tener confianza y seguridad cuando cambien los trabajos, los códigos postales y las comunidades. Cuando mi esposo no me entienda, cuando no parezca tener claro mi propósito, o cuando mis hijos se vuelvan locos, ayúdame a recordar quién soy en ti. Amén.