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Dios en El Centro De Mi Voluntad

DÍA 1 DE 5

Dios en el Centro de mi Voluntad

Nehemías era un judío que vivía en el Palacio del Rey Artajerjes primero de Persia. La razón por la que Nehemías vivía allí es porque era el copero del rey, y ser copero del rey no quiere decir que nada más le servía las copas como un cantinero o un barman, sino que era la persona encargada de probar absolutamente todo lo que el rey fuera a comer para garantizar que no estuviera envenenado.

Así que, si eres una persona que le gusta la comida y también la adrenalina y las emociones fuertes, ser copero habría sido tu carrera ideal. Porque si bien es cierto que probarías los más exquisitos manjares y vinos, también es cierto que nunca sabías cuándo ibas a dar el costa o cuándo ibas a morir por culpa de alguna conspiración contra el emperador, si es que alguien quería matarlo por supuesto envenenándolo.

Pero ser copero del reino no nada más era un trabajo, sino que era un gran privilegio, porque eras el hombre de mayor confianza del emperador. Imagínate: ponía su vida en tus manos, porque bien podría ser tú el que quisiera envenenarlo. De modo que era una posición de gran confianza y también de gran cercanía al rey. Nehemías estaría ante el rey y en su corte todo el tiempo. Generalmente la posición de copero del Rey también involucraba ser uno de los consejeros y de los hombres de mayor confianza, los más cercanos al líder.

De modo que vamos a leer los primeros versículos de Nehemías: “Palabras de Nehemías hijo de Acalías. Aconteció en el mes de Kisleu, en el año veinte, estando yo en Susa, capital del reino, que vino Hanani, uno de mis hermanos, con algunos varones de Judá; y les pregunté por los judíos que habían escapado, que habían quedado de la cautividad, y por Jerusalén. Y me dijeron: El remanente, los que quedaron de la cautividad allí en la provincia, están en gran mal y afrenta, y el muro de Jerusalén derribado, y sus puertas quemadas a fuego. Cuando oí estas palabras me senté y lloré, e hice duelo por algunos días, y ayuné y oré delante del Dios de los cielos".

Una de las cosas que me impactan de Nehemías es que este hombre, que vivía con todas las comodidades y lujos de la época, a pesar de todo era un hombre con un amor y un fervor por Dios y por su pueblo tan grande, que incluso lo hacen dejar todo lo que tiene y seguir el llamado de Dios para su vida.

¿De qué te estoy hablando? Dios usó a Nehemías para reconstruir la devastada ciudad de Jerusalén. Y es que luego de que Asiria y Babilonia destruyeran por completo a la nación de los judíos —los que habían sido esclavos en Egipto, liberados por la mano de Dios poderosamente con milagros y señales, los que recibieron las tablas de la ley escritas por el dedo de Dios, que conquistaron a las naciones de la tierra prometida hasta llegar a ser una superpotencia— ahora estaban nuevamente cautivos durante más de medio siglo, exiliados por su rebeldía.

Mira, la historia de Israel es una lección tremenda para nuestras vidas. Dice 1 Corintios 10:11: “Y estas cosas les acontecieron como ejemplo, y están escritas para amonestarnos a nosotros, a quienes han alcanzado los fines de los siglos. Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga".

Cuántas veces en tu vida has experimentado una cercanía y una relación con Dios impresionante, que no quisieras que nunca se acabara. ¿Te ha pasado que estás en uno de esos picos en tu vida donde las cosas no podrían ser mejores y te sientes como Josué, que no se apartaba de la carpa donde estaba la presencia de Dios ni de día ni de noche? Pero luego algo pasa, algo ocurre: quitamos los ojos de Dios, de los propósitos de Dios, y comenzamos a seguir nuestra propia voluntad, nuestros intereses individualistas y egoístas, y nos enfriamos. Y de todas esas promesas de bendición nos quedan más que escombros y pilas humeantes por la devastación de nuestras propias decisiones.

Israel quedó como un campo abandonado, su ciudad en ruinas durante setenta años. Pero Dios no había terminado con ellos, así como no ha terminado contigo ni conmigo. Mira, si Dios pudo traer restauración a ese pueblo necio y testarudo, fue solamente para honrar su palabra y sus promesas a Abraham, de que por medio de él serían benditas todas las familias de la tierra. Y esto nos debe dar una confianza tremenda de que Dios también restaurará los corazones de aquellos que le buscan de verdad.

Jesús lo explicó de este modo en Juan 6:36: “Al que a mí viene, no le echo fuera. Porque he descendido del cielo no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió. Y esta es la voluntad del Padre que me envió: que de todo lo que me diere no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero. Y esta es la voluntad del que me ha enviado: que todo aquel que ve al Hijo y cree en él tenga vida eterna, y yo le resucitaré en el día postrero".

Esdras regresó a Jerusalén tras setenta años en el exilio para reconstruir el templo, y Dios usará a Nehemías para reconstruir los muros de la ciudad y su restauración política. Si le preguntas a cualquier persona que esté a cargo de una casa, un edificio o maquinaria, te dirá que es mucho más fácil mantener o darle mantenimiento a las cosas que reconstruirlas. Pero Dios puede reconstruir nuestras vidas, y de hecho, lo que Cristo ha hecho por nosotros es darnos una nueva vida. Nos toca mantenerla con la ayuda del Espíritu Santo y no perder el maravilloso privilegio de esta nueva relación con Dios.

De modo que cuando leímos los primeros versículos de Nehemías, este hombre estaba en la capital del imperio, en el año veinte del reinado de Artajerjes primero, y de algunos de Judá, y les pregunta por sus hermanos judíos y las condiciones en las que se encuentran. Ellos le dan el reporte: están mal, están muy mal; la ciudad está indefensa, los muros derribados, las puertas quemadas.

Lo que sigue me impresiona porque nos habla bastante del corazón de Nehemías. Dice el verso 4 que leímos: “Cuando oí estas palabras me senté y lloré, e hice duelo por algunos días, y ayuné y oré delante del Dios de los cielos".

Este hombre sintió compasión y dolor por la tragedia que estaban experimentando sus compatriotas, como cuando recibes una mala noticia y buscas dónde sentarte. Nehemías se sienta y dice que durante algunos días estuvo triste, ayunando y orando al Señor. Él bien pudo haber dicho: “Ah, qué tremendo, qué calamidad, pobres de mis hermanos los judíos, qué mala suerte… pero bueno, a otra cosa mariposa. Al cabo que yo vivo en el palacio, no me falta nada, tengo todo lo que necesito. Qué lástima, pero no es mi problema".

Hay muchos cristianos que no sienten la más mínima empatía por lo que le sucede a los demás. No les importa absolutamente nada más que ellos mismos. Y te das cuenta con cosas tan sencillas, tan absurdas, que revelan lo que verdaderamente hay en su corazón, como cuando buscan ser los primeros en el bufet.

Y a lo mejor tú no eres así. Tú no eres de los que se meten en la fila, no eres de los que quieren pasar primero en el automóvil cuando el tráfico está lento, o no eres de los que llegan y encienden el televisor primero y les ganas a todos, y todos tienen que ver lo que tú quieres. Pero, ¿te has puesto a pensar si en verdad te importan los demás?

Porque todos sentimos lindo cuando alguien se interesa en nosotros, pero ¿cuándo fue la última vez que te interesaste en alguien sinceramente? ¿Cuándo fue la última vez que, mientras tu hijo te contaba lo maravilloso de su día, en verdad le pusiste atención, en lugar de solo ver cómo se movían sus labios mientras tú seguías pensando en las cosas del trabajo? ¿Cuándo fue la última vez que de verdad sentiste feo por lo que otra persona estaba viviendo e hiciste algo al respecto? ¿O cuándo te has preocupado por el destino eterno de alguien que conozcas tanto como para compartirle el mensaje de salvación de Cristo?

Nehemías estuvo en ayuno; dedicó el tiempo que usaba para comer para meterse a la presencia de Dios en oración, intercediendo por aquellos menos afortunados que él, clamando a Dios y pidiendo que se hiciera su voluntad.

Pero lejos de querer sentirnos culpables con estas cosas por nuestra falta de empatía y misericordia por los demás, quiero que veas que incluso en los momentos de mayor soledad, en los momentos cuando has experimentado pérdidas terribles, noticias, cuando los muros tras los que te sentías seguro han sido derrumbados, Dios quiere enseñarte que debes confiar en él y solamente en él.

En esos momentos incluso Dios ha levantado personas que intercedan por ti, personas que te aman sin conocerte y que Dios ha puesto en posiciones en las que pueden hacer algo para cumplir sus propósitos divinos en tu vida.

Conforme estudiamos este maravilloso libro, veremos cómo Dios usa a Nehemías para reconstruir la ciudad en tiempo récord. Pero lo más impresionante: veremos modelado en su vida lo que significa una vida con Dios en el centro de nuestra voluntad.

Dios ha prometido guardarnos en sus manos. Y aunque el Espíritu Santo no deja huellas en la arena, él siempre está con nosotros y terminará la obra que comenzó el día que conocimos a Cristo.

Escrituras

Acerca de este Plan

Dios en El Centro De Mi Voluntad

¿Sabías que a Dios le place hacer su obra a través de las personas y quiere invitarte a participar de ella? ¿Te animas a dejar tu zona de confort para involucrarte en lo que Él te pida hacer? Jorge Salazar recorre la vida de Nehemías, quien pasó de ser el copero del rey de Persia a ser el líder de la reconstrucción de los muros de Jerusalén. Para esa misión debió superar distintos obstáculos, burlas, menosprecio y amenazas. Pero el Señor nunca lo abandonó y se impuso a todos sus enemigos con una obra maravillosa.

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Nos gustaría agradecer a Estudia La Palabra por proporcionar este plan. Para obtener más información, visite: estudialapalabra.com