Fruto, raíz y corazón: Lo que llevas dentro sale afueraMuestra

El árbol se conoce por su fruto
"No es buen árbol el que da malos frutos, ni árbol malo el que da buen fruto" (Lucas 6:43 RVR1960).
El fruto que das habla de la raíz que tienes.
Jesús inicia esta enseñanza con una imagen que todos podemos entender: los árboles y sus frutos. No se trata de lo que aparentan ser, sino de lo que realmente producen. Un árbol bueno da fruto bueno, uno malo no puede producir lo contrario. Así es también con nuestra vida. El fruto es el resultado inevitable de quienes somos. Eventualmente, aunque puede tomar un tiempo para que llegue la cosecha, el fruto bueno o malo es evidente, revelando qué tipo de árbol somos.
Las apariencias pueden ser engañosas. Alguien puede parecer correcto, tener un discurso impecable o una imagen piadosa, pero si sus acciones producen daño, división, manipulación o egoísmo, entonces eso revela una raíz enferma.
Muchas veces intentamos mejorar los frutos (acciones, palabras, actitudes) sin atender la raíz (nuestro carácter, motivaciones, relación con Dios). Pero el Evangelio no es un maquillaje externo, sino una transformación interna. No se trata de actuar diferente, sino de ser diferente.
Este versículo nos lleva a una autoevaluación sincera. ¿Qué tipo de fruto estamos dando en nuestras relaciones, decisiones, palabras, actitudes? El fruto no miente. Si hay mal fruto constante, es señal de una raíz enferma que necesita sanidad espiritual, arrepentimiento y renovación en Cristo.
Jesús no nos llama a aparentar, sino a permitir que Su vida transforme la raíz, de modo que el fruto sea consecuencia natural. El fruto es visible, pero la raíz es invisible. Lo que se ve revela lo que no se ve.
¿Qué tipo de fruto estás dando hoy, y qué revela eso sobre la raíz espiritual que estás cultivando?
Escrituras
Acerca de este Plan

Jesús nos enseña que no podemos separar lo que hacemos de lo que somos. En Lucas 6:43-45, nos revela una verdad profunda y confrontadora: el fruto que damos refleja la raíz que llevamos. No se trata solo de cambiar conductas, sino de transformar el corazón. Este devocional nos invita a examinar nuestra vida desde adentro, para cultivar un carácter que dé buen fruto, coherente con el Evangelio que profesamos.
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Nos gustaría agradecer a Arnoldo Arana por proporcionar este plan. Para obtener más información, visite: https://leadershiftglobal.com/
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