Emoji: Controlando Tus Emociones

Devocional

No importa el pasado ¡Avanza!




Nunca olvidaré la vez que sufrí un asalto, mientras disfrutaba de unos tacos con mis amigos, se comenzaron a escuchar gritos, al voltear vi a un hombre apuntando con una pistola al señor que estaba en las primeras mesas del local, todo esto mientras gritaba groserías a todos exigiendo que entregáramos todo lo que traíamos, mientras esto sucedía otros dos delincuentes iban recogiendo nuestras pertenencias.




A pesar de que no me robaron nada debido a que logré esconder mis cosas y aunque no hubo un solo herido,  viví lo que los psicólogos llamarían un trauma, que dicho en otras palabras, es un choque o impresión emocional muy intenso por algún hecho negativo. 




Supe que había sufrido un trauma porque pasaron varios meses antes de que pudiera ir a una taquería sin estar volteando cada segundo para asegurarme que no viniera un asaltante. Algunos traumas, dependiendo de la persona y del hecho, pueden ser superados después de largo tiempo, y si no se avanza intencionalmente para vencerlo, podrías permanecer traumatizado para siempre.




Un trauma y las emociones van de la mano, pues básicamente el trauma se manifiesta en una situación similar a la que viviste en el pasado y puedes distinguirlo porque las emociones, como miedo o ansiedad, podrían paralizarte. Es sorprendente cómo un trauma puede provocar justo lo opuesto de lo que deberían provocar las emociones, pues en lugar de movilizarte te paralizan.




Para poder avanzar en la solución de un trauma primero tienes que reconocer qué lo causó, luego reconocer qué sentimientos te provoca y para ser libre tienes que sustituir ese sentimiento negativo por una promesa de Dios.




En mi caso yo tuve que reconocer que tenía miedo causado por el asalto que había sufrido, después, para superarlo recordé la promesa escrita en el Salmo 18:2: El Señor es mi roca, mi amparo, mi libertador; es mi Dios, el peñasco en que me refugio. Es mi escudo, el poder que me salva,  ¡mi más alto escondite!




En la Biblia hay una promesa por parte de Dios para retirar cada trauma, herida, sentimiento o emoción negativa  en tu vida. Recuerda que Jesús hace todo nuevo, así que avanza hacia tu libertad.