Viviendo una vida feliz: Un devocional de 7 días para padres acerca de cómo vivir DESDE la Aceptación, NO PARA la Aceptación

Dia 2 de 7 • Ver la lectura de hoy

Devocionales

Día dos: El gran intercambio



Cuando pensamos que podemos ser lo suficientemente buenos para ganarnos el amor de Dios, ofendemos a Dios. Porque si pudiéramos ser lo suficientemente buenos para hacer que Dios nos ame, entonces Dios envió a Jesús, Su Hijo, a morir por nosotros sin ninguna razón. ¡Pero Dios no envió a Jesús a morir en la cruz sin ninguna razón! Jesús murió por nosotros porque nunca podremos ganarnos nuestro propio camino hacia Dios. La razón es que Dios es puro y santo, más puro y santo de lo que jamás podríamos imaginar. Debido a que Dios es tan santo, no puede tolerar el pecado. Él no puede coexistir con el pecado, lo cual es realmente una mala noticia para nosotros porque todos hemos pecado. Todos nos hemos quedado cortos de Dios.



Sin embargo, ¡Dios nos ama tanto!



Él anhela perdonarnos y limpiarnos de nuestro pecado. Debido a Su gran amor por nosotros, en el momento perfecto de la historia, Dios envió a Jesús a morir en la cruz por nuestros pecados. La Biblia enseña que cuando Jesús murió por nosotros, sucedió algo asombroso e impactante para aquellos que creemos en Jesús. Todos nuestros pecados fueron puestos sobre Jesús, y la perfección de Jesús fue puesta sobre nosotros. Durante mucho tiempo, las personas que estudiaron la Biblia llamaron al momento de la muerte de Jesús "El Gran Intercambio".



Jesús hace un gran intercambio con aquellos que creemos en Él. Él toma todos nuestros pecados y los coloca sobre Sí mismo, y nos da Su registro perfecto. Para aquellos de nosotros que creemos, no solo todos nuestros pecados se han ido, sino que ahora también tenemos toda la bondad de Jesús. Dios nos mira como si fuéramos perfectos, como si viviéramos la vida que vivió Jesús.



En la historia Los Quokkas, los Caracoles y la Tierra de la Felicidad, los quokkas tienen gráficos completos de calcomanías o adhesivos. Todos los cristianos también tienen una “tabla de calcomanías espirituales” completa, no porque nos hayamos ganado ninguna de las calcomanías (¡no podemos ganarlas!), sino porque Jesús nos ha dado todas las calcomanías. ¡Nuestras tablas siempre están llenas gracias a Jesús!