Nunca Estás Solo

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Devocionales

Dios está contigo en lo ordinario


«Jesús hizo muchas otras señales milagrosas en presencia de sus discípulos, las cuales no están registradas en este libro. Pero estas se han escrito para que ustedes crean que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que al creer en su nombre tengan vida» (Juan 20:30-31 nvi).


Tal vez conozcas la espiral descendente de sentirte solo y no amado. Si conoces este sentimiento quiero decirte que no estás solo, y con esto no quiero decir que no eres el único en sentirte de este modo, sino que literalmente no estás solo. 


¿Esa cruda y oscura sensación de aislamiento e impotencia? No está aquí para quedarse. La verdad es que nunca estás verdaderamente solo cuando Jesús está en tu vida (ver Mateo 28:20). Puedes creer en la tierna presencia y el gran poder de Cristo. Puedes confiar en que Dios te cargará en sus brazos. Puedes saber que eres más fuerte de lo que crees porque Dios está más cerca de lo que piensas. Jesús quiere mostrarte un Dios milagroso que te ama, se preocupa por ti y llega para socorrerte. 


Juan responde a muchas de nuestras preguntas sobre la presencia de Dios a través de los milagros vivificantes de Jesús que presenta en su Evangelio. El propósito de estos milagros, como él escribe, es para que podamos tener una creencia vivificante y una fe abundante, robusta y resiliente (ver Juan 20:31). La vida se manifiesta cuando creemos. Las señales que Juan relata pretenden despertar la convicción en esta promesa: nunca, nunca estamos solos


A través de esta fe, encontramos una fuerza más allá de nuestra fuerza. Cumplimos tareas que están más allá de nuestra capacidad. Vemos soluciones más allá de nuestra sabiduría. La creencia ocurre cuando ponemos nuestra confianza en Dios. Es una decisión de apoyarse completamente en la fuerza de un Salvador vivo y amoroso. 


Los milagros citados por Juan están diseñados para servirnos como muestras del libro de jugadas de Dios. Todos los eventos que él relata están juntos como una sola voz, llamándonos a levantar nuestros ojos y abrir nuestro corazón a la posibilidad—de hecho, la realidad—de que la mayor fuerza en el universo es de Aquel que tiene buenas intenciones y nos trae esperanza. En estos días de crisis, aislamiento y depresión, este mensaje es más necesario que nunca. Queremos saber que a alguien se interesa. El apóstol Juan quiere que sepamos que a Dios le importa. Podemos creer en la fortaleza de este Dios amoroso. 


Tú y yo anhelamos a alguien que nos encuentre en medio del caos de la vida. Anhelamos creer en un Dios vivo, amoroso, que obra milagros, que no pensará dos veces antes de meterse en nuestros líos y sacarnos de ellos. El primer milagro que relata Juan, el de Jesús convirtiendo el agua en vino (ver Juan 2:1-12), nos da esa esperanza. Jesús estaba dispuesto a usar su poder divino para convertir el agua en vino en una boda, simplemente para que la familia de la pareja que se casaba no fuera avergonzara ni tuviera vergüenza. Si estaba dispuesto a hacer esto, ¿cuánto más dispuesto estaría a intervenir en los asuntos más importantes de la vida? El milagro del agua convertida en vino nos da este mensaje: nuestras provisiones menguantes, por insignificantes que sean, son importantes para el cielo.


Dios quiere que sepamos que podemos llevarle nuestras necesidades - todas nuestras necesidades - a él (ver Filipenses 4:6). Le corresponde a él, como nuestro Padre celestial, atender las necesidades y responder a las peticiones de nosotros, sus hijos. Por tanto, te hago esta pregunta: «¿Le has pedido? ¿Has convertido tu déficit en una oración?». 


Jesús adaptará una respuesta exacta para tu necesidad. Él no es un cocinero de comida rápida, sino un consumado chef que prepara bendiciones únicas para situaciones únicas (ver Lucas 4:40). Una oración exacta le da a Cristo la oportunidad de eliminar toda duda sobre su amor e interés. Tu problema se convierte en su camino. El desafío que enfrentas se convierte en un lienzo sobre el cual él puede demostrar su mejor obra. Así que presenta una simple oración y confía el problema a Cristo. Pon a Jesús a cargo de tu problema y confía en que él hará lo correcto (ver Juan 2:5-10 y Efesios 3:20).




Responde


¿Cómo cambia tu perspectiva de la vida y la fe cuando te sientes solo o aislado?


¿Cómo te acercas a Dios cuando tienes una necesidad específica, sin importar cuán grande o pequeña sea? ¿Cómo has visto la respuesta milagrosa de Dios a una oración?


¿Cómo describirías tu fe en el deseo y la capacidad de Dios para amarte y cuidarte abundantemente? ¿Cómo dicta tu fe la plenitud de tu vida (según se describe en Juan 20:31)?