Principios bíblicos para crear actitudes correctas

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Devocionales

El valor de las actitudes 

La actitud nos permite adaptarnos exitosamente al entorno, por muy cambiante y adverso que resulte. Esto lo podemos ver ejemplificado en la vida de San Pablo. El apóstol había desarrollado la habilidad de ajustar su actitud a medida de la situación que le tocaba vivir. Al leer el libro de los hechos se puede apreciar la variedad de experiencias adversas de Pablo como anunciador del evangelio (apedreamiento, naufragios, azotamiento, encarcelamiento, etc.). Pero en todas ellas mantuvo una actitud optimista y esperanzadora. 

De la experiencia de Pablo podemos concluir que la actitud positiva, optimista, de ánimo y gozo es una habilidad que se puede aprender; sobre todo, sabiendo que contamos con los recursos divinos. Ahora, el aprender esta conducta no le vino automáticamente. Pablo había aprendido a enfocarse en el lado optimista y esperanzador de la vida y a ver las circunstancias adversas no como problemas, sino como oportunidades de aprendizaje, de madurar y crecimiento en carácter y fe. 

“He aprendido a contentarme cualquiera sea mi situación”. Estas palabras no reflejan un simple estado de conformismo o resignación, sino de adaptación y flexibilidad al entorno y circunstancias de vida, manteniendo un estado de contentamiento (alegría, optimismo, esperanza, ánimo), independientemente de las circunstancias (favorables o desfavorables).

Tener una correcta actitud  y buen ánimo no hace desaparecer los problemas, pero si nos coloca en el mejor estado mental para enfrentar las dificultades y desafíos de la vida. Dice S Covey: “La actitud adecuada permite que nuestra respuesta esté al nivel del desafío que nos toca enfrentar”. Sobre todo, si esa actitud va acompañada de fe en Dios y sus recursos. 

La actitud mental positiva, optimista y de ánimo demanda estar permanentemente en guardia contra los factores negativos, hasta que esto se convierta en un hábito. De tal manera que existe la necesidad de renovar constantemente nuestra actitud, de refrescar puntos de vista y de recuperar el enfoque positivo.

Y, fundamentalmente, requiere revisar nuestra forma de pensar. La actitudes son influenciadas  y determinadas por nuestros pensamientos. De hecho, cambiar de actitud implica cambiar de forma de pensar.