Declaro la Guerra: 4 Claves Para Ganar La Batalla Contra Ti Mismo

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Devocional

El Juego Antes del Juego



Mientras ordenábamos un armario en casa, mi esposa y yo encontramos una colección de mis viejas notas de sermones de cuando comencé a predicar. En los primeros tiempos, caminaba por la casa y grababa el mensaje en una pequeña grabadora portátil y lo escuchaba otra vez para ver cómo sonaba, y a veces, si no me gustaba, el proceso volvía a comenzar. Viendo todo ese viejo material, me transporté instantáneamente dieciséis años atrás, a esos días cuando me enfermaba antes de subir al escenario. Lo relaciono con Eminen quien vomita en el baño del club antes de su batalla de hip-hop en Milla 8. No era la pasta de mi mamá (nunca pude predicar con algo pesado y rico en mi estómago), pero siempre terminaba agitado antes de hablar, continuó por un año más o menos. Temblaba, estaba mareado y absolutamente aterrado de que me olvidara del mensaje mientras trataba de recordar los puntos principales. Muchas veces me sentía mejor después de vomitar y me sentía perfectamente cuando subía al escenario. Todos los nervios desparecían y me sentía como pato en el agua haciendo aquello para lo que había nacido, aunque llegar a ese momento era una agonía. Aquí está el problema. El puente entre toda la práctica y el discurso en público es la rutina de preparación. Lo mismo es válido en casi todo esfuerzo. Debes ganar la lucha interna antes de que puedas ganar la guerra externa.



Ahora, nunca predico sin hacer un importante ritual antes. Incluye estar de rodillas orando y admitir mi debilidad para así poder entrar en la fuerza de Cristo. Algunas cosas que he incluido en mi rutina viene del atletismo.



Los mejores atletas saben cómo calmarse a sí mismos mientras se preparan para competir. El brasileño Pelé es considerado el más grande jugador de fútbol de todos los tiempos. En su libro "Gimnasia Mental" Gary Mack entrevistó a Pelé sobre su ritual antes del juego. Él iba al vestuario y no tomaba una pelota de fútbol, sino algunas almohadas. Se acostaba en algún lugar solo. Ponía una almohada debajo de su cabeza y otra encima. Es muy extraño, pero funciona. Dijo que lo hacía volver a su niñez en su mente y se imaginaba jugando al fútbol en la playa, porque ahí es donde comenzó a amar el juego. Él no jugaba por dinero, sino porque amaba el deporte. Luego volvía y comenzaba a recordar lo alocado de su carrera. Recordaba sus mejores momentos cuando hacía en la cancha realmente lo que quería. Después de mirar todos estos momentos grandiosos en su carrera, volvía al presente a lo que él había venido a hacer, la razón por la que estaba en ese estadio. Luego pensaba en cómo quería jugar y realmente se veía jugando en una película en su mente haciendo lo que había venido a hacer. Entonces se levantaba, se unía a su equipo, hacía el estiramiento, y estaba listo para entrar en el estadio como una fuerza imparable. Estaba calmo y bien, ya se había visto ganar, ahora sólo le faltaba hacerlo.



Cuando leo esto, inmediatamente pienso en lo que dijo Pedro. Él escribió, " Entonces preparen su mente para la acción y ejerciten el auto-control."



Veo esto en Moisés. Él sabía qué se suponía que tenía que hacer. Hacer una nación de esclavos, unir los clanes, llevar el pueblo de Dios a la tierra prometida. Pero no alardeaba con eso. Le fueron dados los pasos: la serpiente en el mástil, la mano leprosa, el agua en sangre, y lo hizo dos veces antes de ir en frente del Faraón. Preparó su mente para la acción y se aseguró de estar listo.



Cuando se refiere a sacar lo que Dios puso en tu interior, no podemos saltar la preparación. Y al referirnos a un tiempo a solas con Jesús en la mañana como "tiempo en paz" es prepararse para el juego. Haz una pausa, respira hondo, escucha a Dios, pasa tiempo en Su palabra, deja que Su verdad venga sobre ti.



No importa qué haya en frente tuyo hoy, ya sea un estadio lleno de personas en el que tengas que actuar, un cohete que sale rumbo a Marte, un aula con estudiantes a quienes les hablarás, o un bebé a quien cuidar, esto es verdad: No estás listo para jugar el juego, si no te preparas antes.



Preguntas para hacerte a ti mismo:




  1. ¿Qué cosas debo eliminar de mi rutina matutina para reforzar el comienzo del día? ¿Qué cosas debo agregar?

  2. ¿Qué puso Dios dentro mío que evito sacar por no preparar mi mente para la acción?