En La Brecha — Las Prácticas Del Hombre Cristiano

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Devocionales

  


Día 3 — Ir a Misa


Leer: 1 Corintios 11:23–29


Este es el relato más temprano en el Nuevo Testamento de la institución de la Eucaristía en el momento de la Última Cena. Pablo fielmente entrega a la comunidad lo que Jesús mismo le dio a su iglesia. Él cuenta las palabras de Jesús, expresando la naturaleza sacrificial de la entrega total de Jesús, y su mandato de continuar fielmente la tradición que él ha dejado para ellos (versículos 24–25). Cristo es la víctima viva que sigue siendo ofrecido al Padre como el único sacrificio para el mundo. Al celebrar la Eucaristía, hacemos presente nuevamente su sacrificio eterno en los altares de todo el mundo.


Después de relatar lo que él ha recibido del Señor, Pablo agrega su propio entendimiento de la Eucaristía: «De manera que, hasta que venga el Señor, ustedes proclaman su muerte cada vez que comen de este pan y beben de esta copa» (versículo 26 DHH). En la Misa, la iglesia experimenta el pasado, la muerte redentora de Jesús; y el futuro, su gloriosa venida de nuevo. En esta experiencia atemporal, nos reunimos para recibir la gracia de la salvación mientras Cristo llega a ser verdaderamente presente en el regalo sacramental de su cuerpo y sangre.


Recibir al Señor en comunión requiere el autoexamen y preparación (versículos 27–29). Debemos estar libres de pecados serios, preparados para recibir los beneficios salvadores del sacrificio de Cristo y poder discernir su regalo real y sustancial de sí mismo para nosotros. Adorar al Señor en palabra y sacramento es el punto culminante de la semana. Desde los días más tempranos de la iglesia, los cristianos se reunían para la Misa en el día del Señor y así debe hacer cada seguidor de Jesucristo hoy.


Reflexionar: ¿Cuál es la mejor forma de examinarme y prepararme para celebrar la Misa con la comunidad de fe? 


Orar: Fiel Dios, que enviaste a tu Hijo para la salvación del mundo, trae tu pueblo al altar para que experimente la gracia de la muerte salvadora de Cristo hasta que él venga en gloria. Ayúdame a examinarme a mí mismo y prepararme para la liturgia de la Eucaristía, para que sea lleno con el amor sacrificial de Cristo y para ofrecerlo a otros.