En La Brecha — Las Prácticas Del Hombre Cristiano

Devocionales

  


Día 2 — Examinar la conciencia cada noche


Leer: Salmos 139:1–5, 23–24


Si solo por un momento pudiéramos vernos a nosotros mismos como Dios nos ve, amaríamos nuestra vida profundamente y estaríamos eternamente agradecidos. Dios nos conoce mucho más de lo que nos conocemos a nosotros mismos y ve cada parte de nuestra vida, y aun nos ama inmensurablemente. El Salmo 139, quizá el más íntimo de todos los salmos, es una meditación sobre cómo nuestra vida se mantiene en el abrazo de Dios. Aquel que abarca todo el espacio y el tiempo está íntimamente cerca. Aunque Dios no se mueve de lugar en lugar como nosotros, él está presente en todo lugar. Él es completamente presente y nadie puede escapar de su alcance divino.


Entender a Dios así puede evocar un sentido de admiración y maravilla, reverencia y gratitud. A medida que nos apropiamos de esta oración y reflexionamos sobre nuestra relación con Dios, profundizamos nuestro deseo de la presencia de Dios y su vida. Y entregamos nuestra vida a la búsqueda de Dios y descansamos en su presencia omnisciente y su amor eterno. 


Una manera fructífera de entrar personalmente en la presencia de nuestro Dios, que todo lo sabe y que todo lo ama, es examinar nuestra conciencia al final de cada día. Primero, toma unos momentos para repasar el día, dándole gracias a Dios por todas las bendiciones que has recibido en cada encuentro, cada oportunidad, cada desafío. Luego, considera esos momentos en que has fallado, en palabra, hecho u omisión, pidiendo la gracia del arrepentimiento y el perdón. Finalmente, prepárate para el día siguiente pidiendo la bendición de Dios y la ayuda para todo lo que enfrentas, poniendo el futuro en las manos de Dios con confianza.


Reflexionar: ¿Cómo podría un examen al final del día de la gracia de Dios y mi pecado guiarme a una intimidad más profunda con Dios? 


Orar: Tú me examinas, Oh Dios, y conoces mi corazón. Tú me entiendes por completo y te preocupas de todo aspecto de mi existencia. Guía el camino de mi vida y condúceme según tus mandatos.