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SANTIAGO 2:1-17

SANTIAGO 2:1-17 Reina Valera 2020 (RV2020)

Hermanos míos, vosotros que tenéis fe en nuestro glorioso Señor Jesucristo, no debéis hacer acepción de personas. Si en vuestra congregación entra un hombre con anillo de oro y ropa espléndida, y al mismo tiempo entra un pobre con vestido andrajoso, y atendéis de manera especial al que trae la ropa espléndida y le decís: «Siéntate tú aquí, en este buen lugar», y decís al pobre: «Quédate tú allí de pie» o «Siéntate aquí en el suelo, a mis pies», ¿no hacéis distinciones entre vosotros mismos y actuáis como jueces malintencionados? Amados hermanos míos, escuchad: ¿No ha elegido Dios a los pobres de este mundo, para que sean ricos en fe y herederos del reino que ha prometido a los que lo aman? Pero vosotros habéis despreciado al pobre. ¿No os oprimen los ricos con tiranía y no son ellos los mismos que os arrastran ante los tribunales? ¿No son ellos los que blasfeman contra el buen nombre que fue invocado sobre vosotros? Si en verdad cumplís la ley suprema, conforme a la Escritura: Amarás a tu prójimo como a ti mismo , hacéis bien. Pero si hacéis acepción de personas, cometéis pecado y sois condenados por la ley como transgresores, porque cualquiera que cumpla toda la ley, pero falle en un solo mandamiento, se hace culpable de todos. Pues el que dijo: No cometerás adulterio , también ha dicho: No matarás . Es decir, si no cometes adulterio, pero matas, ya te has hecho transgresor de la ley. Hablad y actuad como quienes deben ser juzgados por la ley que nos hace libres porque habrá un juicio sin compasión para el que actúe sin compasión; pero la compasión triunfa sobre el juicio. Hermanos míos, ¿de qué le sirve a uno decir que tiene fe, si no tiene obras? ¿Podrá esa fe salvarlo? Y si un hermano o una hermana están desnudos y tienen necesidad del alimento de cada día, y alguno de vosotros les dice: «Id en paz, abrigaos bien y alimentaos», pero no les dais lo que su cuerpo necesita, ¿de qué les sirve eso? Así también la fe, si no tiene obras, está muerta en sí misma.

SANTIAGO 2:1-17 La Palabra (versión española) (BLP)

Hermanos míos, que vuestra fe en Jesucristo glorificado no se mezcle con favoritismos. Supongamos, por ejemplo, que llegan dos personas a vuestra reunión: una con anillos de oro y magníficamente vestida; la otra, pobre y andrajosa. Si enseguida os fijáis en la que va bien vestida y le decís: «Tú, siéntate aquí en el lugar de honor», y a la otra, en cambio, le decís: «Tú, quédate ahí de pie» o «Siéntate en el suelo a mis pies», ¿no estáis actuando con parcialidad y convirtiéndoos en jueces con criterios perversos? Escuchad, hermanos míos queridos: Dios ha elegido a los pobres del mundo para hacerlos ricos en la fe y herederos del reino que prometió a los que lo aman. ¡Pero vosotros despreciáis al pobre! Y, sin embargo, son los ricos los que os tiranizan y os arrastran ante los tribunales. Son ellos los que deshonran el hermoso nombre [de Jesús], que fue invocado sobre vosotros. Vuestra conducta será buena si cumplís la suprema ley de la Escritura: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Pero si os dejáis llevar de favoritismos, cometéis pecado y la ley os acusa como transgresores. Porque, aunque observéis toda la ley, si quebrantáis un solo mandato, os hacéis culpables de todos, ya que quien dijo: No cometas adulterio, dijo también: No mates. Si, pues, no cometes adulterio, pero matas, eres igualmente transgresor de la ley. Así que hablad y actuad como quienes van a ser juzgados por una ley de libertad. Y tened en cuenta que será juzgado sin compasión quien no practicó la compasión. La compasión, en cambio, saldrá triunfante del juicio. ¿De qué le sirve a uno, hermanos míos, alardear de fe, si carece de obras? ¿Podrá salvarlo esa fe? Imaginad el caso de un hermano o una hermana que andan mal vestidos y faltos del sustento diario. Si acuden a vosotros y les decís: «Dios os ampare, hermanos; que encontréis con qué abrigaros y con qué matar el hambre», pero no les dais nada para remediar su necesidad corporal, ¿de qué les servirán vuestras palabras? Así es la fe: si no produce obras, está muerta en su raíz.

SANTIAGO 2:1-17 Dios Habla Hoy Versión Española (DHHE)

Hermanos míos, vosotros que creéis en nuestro glorioso Señor Jesucristo no debéis hacer diferencias entre unas personas y otras. Supongamos que estáis reunidos, y que llega un rico con anillos de oro y ropa lujosa, y le atendéis bien y le decís: “Siéntate aquí, en el lugar de honor”; y que al mismo tiempo llega un pobre vestido de andrajos, y le decís: “Tú quédate allá, de pie; o siéntate ahí en el suelo”, entonces estáis haciendo diferencias entre vosotros mismos y juzgando con mala intención. Queridos hermanos míos, oíd esto: Dios ha escogido a los pobres de este mundo para hacerlos ricos en fe y para que reciban como herencia el reino que él ha prometido a los que le aman. Vosotros, en cambio, los humilláis. ¿Acaso no son los ricos quienes os explotan y quienes a rastras os llevan ante las autoridades? ¿No son ellos quienes hablan mal del precioso nombre que fue invocado sobre vosotros? Haréis bien si de veras cumplís la ley suprema, tal como dice la Escritura: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”. Pero si hacéis diferencias entre unas personas y otras, cometéis pecado y sois culpables ante la ley de Dios. Porque si una persona obedece toda la ley, pero falla en un solo mandato, resulta culpable frente a todos los mandatos de la ley. El mismo Dios que dijo: “No cometas adulterio”, dijo también: “No mates”. Así que, si uno no comete adulterio, pero mata, ya ha violado la ley. Vosotros debéis hablar y portaros como quienes van a ser juzgados por la ley que nos trae libertad. Pues los que no han tenido compasión de otros, sin compasión también serán juzgados; pero los que han tenido compasión, saldrán victoriosos en la hora del juicio. Hermanos míos, ¿de qué le sirve a uno decir que tiene fe, si sus hechos no lo demuestran? ¿Podrá acaso salvarle esa fe? Supongamos que a un hermano o a una hermana les falta la ropa y la comida necesarias para el día; si uno de vosotros les dice: “Que os vaya bien; abrigaos y comed cuanto queráis”, pero no les da lo que su cuerpo necesita, ¿de qué les sirve? Así pasa con la fe: por sí sola, es decir, si no se demuestra con hechos, es una cosa muerta.

SANTIAGO 2:1-17 Nueva Versión Internacional - Castellano (NVI)

Hermanos míos, la fe que tenéis en nuestro glorioso Señor Jesucristo no debe dar lugar a favoritismos. Supongamos que en el lugar donde os reunís entra un hombre con anillo de oro y ropa elegante, y entra también un pobre desharrapado. Si atendéis bien al que lleva ropa elegante y le decís: «Siéntate aquí, en este lugar cómodo», pero al pobre le decís: «Quédate ahí de pie» o «Siéntate en el suelo, a mis pies», ¿acaso no hacéis discriminación entre vosotros, juzgando con malas intenciones? Escuchad, mis queridos hermanos: ¿No ha escogido Dios a los que son pobres según el mundo para que sean ricos en la fe y hereden el reino que prometió a quienes le aman? ¡Pero vosotros habéis menospreciado al pobre! ¿No son los ricos quienes os explotan y os arrastran ante los tribunales? ¿No son ellos los que blasfeman el buen nombre de aquel a quien pertenecéis? Hacéis muy bien si de veras cumplís la ley suprema de la Escritura: «Ama a tu prójimo como a ti mismo»; pero, si mostráis algún favoritismo, pecáis y sois culpables, pues la misma ley os acusa de ser transgresores. Porque el que cumple con toda la ley, pero falla en un solo punto ya es culpable de haberla quebrantado toda. Pues el que dijo: «No cometas adulterio», también dijo: «No mates». Si no cometes adulterio, pero matas, ya has violado la ley. Hablad y portaos como quienes han de ser juzgados por la ley que nos da libertad, porque habrá un juicio sin compasión para el que actúe sin compasión. ¡La compasión triunfa en el juicio! Hermanos míos, ¿de qué le sirve a uno alegar que tiene fe si no tiene obras? ¿Acaso podrá salvarle esa fe? Supongamos que un hermano o una hermana no tienen con qué vestirse y carecen del alimento diario, y uno de vosotros les dice: «Que os vaya bien; abrigaos y comed hasta saciaros», pero no les da lo necesario para el cuerpo. ¿De qué servirá eso? Así también la fe por sí sola, si no tiene obras, está muerta.