Job 14
DHHDK
14
1El hombre, nacido de mujer,
tiene una vida corta y llena de zozobras.
2Es como una flor que se abre y luego se marchita;
pasa y desaparece como una sombra.#14.1-2 Cf. Sal 39.5-6; 102.12; 109.23; Ec 6.12; Eclo 40.1-10; Sab 2.1-4.
3¿Y en este hombre has puesto los ojos,
y contra él quieres entablar un juicio?
4No hay nadie que pueda sacar
pureza de la impureza.
5Si tú eres quien determina
cuánto ha de vivir el hombre,
y le pones un límite que no puede pasar,
6aparta de él tus ojos y déjalo en paz;
¡déjalo disfrutar de su vida de asalariado!
7Cuando se corta un árbol,
queda aún la esperanza de que retoñe
y de que jamás le falten renuevos.
8Aunque ya esté vieja la raíz
y el tronco se esté pudriendo en el suelo,
9al sentir la frescura del agua, reverdecerá;
echará ramas como una planta tierna.
10En cambio, el hombre muere sin remedio;
y al morir, ¿a dónde va?
11El agua del mar podrá evaporarse,
y los ríos quedarse secos;
12pero mientras el cielo exista,
el hombre no se levantará de su tumba,
no despertará de su sueño.#14.12 La esperanza de una vida más allá de la muerte no aparece en Israel sino más tarde. Cf. Sal 6.6; 88.11-13; 115.16-17; Is 38.18; Eclo 14.19. Al principio surge la idea de una vida nueva con Dios (Sal 16.10-11; Dn 12.12-13; 2 Mac 7.9,14,23; Sab 3.1-9). Esta certeza aparecerá claramente en el NT (Mt 13.43; 1 Co 15; Ap 21—22).
13¡Ojalá me escondieras en el reino de la muerte
mientras pasa tu ira,
y fijaras un plazo para acordarte de mí!
14Si un hombre muere, ¿volverá a vivir?#14.14 La primera línea de este v. (14a) interrumpe la idea. En cuanto al sentido, puede unirse al v. 12 ó al 19.
Yo esperaría todo el tiempo que durara mi servicio
hasta que viniera el alivio de mis penas.
15Tú me llamarías, y yo te respondería;
me mirarías con afecto, pues eres mi creador.
16Si ahora vigilas cada uno de mis pasos,
entonces no te fijarías en mis pecados;
17echarías mis faltas al olvido
y me limpiarías de mis delitos.
18Aun las montañas acaban por derrumbarse,
y los peñascos por cambiar de sitio.
19Así como el agua desgasta la piedra
y las lluvias arrastran el polvo del suelo,
así destruyes tú la esperanza del hombre.
20Lo derrotas para siempre, lo echas de su tierra,
y él se va desfigurado.
21Si sus hijos alcanzan honores, él no se entera;
si caen en desgracia, él no se da cuenta;
22sólo siente los dolores de su propio cuerpo,
el sufrimiento de su propio ser.

Texto Bíblico: Dios habla hoy © Sociedades Bíblicas Unidas, 1966, 1970, 1979, 1983, 1994.

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