Levítico Introducción

Introducción
El nombre de este tercer libro de la Biblia —Levítico— no es el original de la Biblia hebrea; los israelitas lo conocían por la primera palabra con la que da comienzo el libro, que traducida al español sería: «Y llamó».
El nombre actual —Levítico— se debe a los traductores de la Biblia al griego que lo llamaron así porque este libro se ocupa sobre todo de señalar cómo debe llevarse a cabo el culto divino, tarea que correspondía a los sacerdotes y sus ayudantes —los llamados «levitas»—, todos ellos descendientes de la tribu de Leví. Pero esto no quiere decir que este libro solo tenga que ver con los sacerdotes y sus ayudantes; también afecta, y mucho, al resto del pueblo israelita. Y a pesar de que, a primera vista, parece un tanto extraño a nuestra sensibilidad actual y por eso su lectura puede resultar poco atractiva, contiene mensajes que siguen siendo plenamente válidos y que nos invitan a leerlo con interés y respeto.
El libro puede dividirse en las siguientes secciones:
I. Distintos tipos de ofrendas (1–7). Se describe el culto tal como se realizaba en la época del Segundo Templo.
II. Instrucciones en relación con los sacerdotes (8–10). Se detalla cómo debe efectuarse la elección y consagración de los sacerdotes y otras normas complementarias.
III. Normas relativas a la vida religiosa del pueblo israelita (11–16). Se indica cuál debe ser el comportamiento de los israelitas en determinadas circunstancias de su vida.
IV. El llamado Código de Santidad (17–26). Es un bloque muy singular que profundiza en las normas de la sección anterior.
V. Apéndice (27). Normas sobre lo que ha de pagarse por el rescate de las personas, animales o cosas ofrecidas a Dios.
En el libro del Levítico se determina cuál debe ser el comportamiento del israelita fiel con respecto a Dios en situaciones concretas de su vida religiosa y social. Esto explica la constante repetición de la frase Yo soy el Dios de Israel o Yo soy vuestro Dios, que era clave para que cada miembro del pueblo de Dios aprendiera a convivir con Dios y con su prójimo. Así, este libro nos enseña que el apartarse del mal y el vivir consagrados para servir a Dios, implica un doble compromiso: el espiritual (19.1) y el social (19.18).
Además de leyes y mandamientos, Levítico también ofrece algunos relatos. Por ejemplo, nos habla del nombramiento de Aarón y de sus descendientes como sacerdotes de Israel. Nos cuenta también la ceremonia en que los sacerdotes son vestidos con ropas especiales, y nos describe el momento en que se derrama aceite de oliva sobre sus cabezas, en señal de que en adelante solo estarán al servicio de Dios.
Hay en este libro un par de frases especialmente significativas. Una es: Sed santos porque yo, vuestro Dios, soy santo. Es una frase que aparece por primera vez en 11.44 y luego se repite varias veces en los capítulos siguientes. Con esta frase se quiere indicar que el israelita, y por extensión cualquier ser humano, está llamado a vivir en permanente comunión con Dios. La otra frase la encontramos en 19.18 donde se manda a los israelitas que cada uno ame a su prójimo como se ama a sí mismo con lo que se anticipa uno de los componentes esenciales de la moral cristiana (ver Mt 12.31). En el capítulo 25 se habla del «año jubilar» como año en que es preciso dar descanso a la tierra, perdonar las deudas y liberar a los prisioneros. En realidad es un mensaje válido para todos los tiempos en cuanto exige a los ricos y poderosos que perdonen las deudas, ayuden a los necesitados y den libertad a los oprimidos.

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