Salmos que Transforman: 5 Días de Inspiración y FeMuestra

Lamento
En el libro de los Salmos, más de un tercio son de lamentaciones. David no se contuvo al derramar su corazón en ciertas ocasiones. Le preguntó a Dios por qué lo abandonó (Salmo 22:1, NVI) y también reclamó la aparente falta de respuesta de Dios (Salmo 22:2, NVI). Otros salmos presentan lamentaciones grupales, como el 137, que hace referencia al exilio de Judá en Babilonia durante el siglo VI a.C., después de la destrucción de Jerusalén y del templo en el 586 a.C. La desesperación del pueblo en este salmo es tan grande que llegan a preferir la muerte de sus hijos antes que permitirles seguir sufriendo (Salmo 137:9, NVI).
La vida cristiana no es ajena a las adversidades. Todos hemos pasado por problemas económicos, por la pérdida de un ser querido, por una crisis de salud, o por tiempos de depresión o ansiedad. Lamentarnos por estas situaciones no es sinónimo de debilidad. Parte de ser humano es justamente poder llorar cuando se necesita. Y sí, el cristiano no es inmune a estas situaciones. Cristo fue muy enfático cuando dijo: “En el mundo tendrán aflicciones.” (Juan 16:33, NVI) Pero al mismo tiempo prometió: “Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación.” (Mateo 5:4, RVR1960)
Dios permite la adversidad por muchas razones: para que aprendamos de nuestros errores, para llamar nuestra atención, o para moldear nuestro carácter. A veces nos muestra de inmediato el propósito, otras veces se tarda meses o años, y en ocasiones, como en el caso de Job, guarda silencio. (Si lees con detenimiento, la explicación de por qué Job sufre se da solo al lector; Job nunca llega a saberlo). Sea cual sea la razón, lamentarnos en medio de la adversidad es normal. Llorar y expresar el dolor es parte de lo que nos hace humanos. Nuestra alma se puede abatir, y se va a abatir, pero nunca olvidemos que en Dios está nuestra esperanza.
Hoy recordemos los salmos de lamentaciones no solo como canciones o poemas de pena, sino como una forma de desahogo en medio de las pruebas. Dios no es un anciano con el rostro fruncido sentado en los más alto del cielo en el trono al cual no le interesa su creación. Dios es un ser amoroso, a Él le duele cuando a nosotros nos duele. De hecho, ¿sabías que Él junta todas tus lágrimas en un frasco? (Salmos 56:8, NBLA) Es por esta razón que nos entiende. Posiblemente hayas pasado por una fría sala de hospital recientemente. A lo mejor estás contando las monedas que tienes por una crisis económica. O quizá sientes dolor en lo profundo de tu corazón por alguien que traicionó tu confianza. O tal vez acabas de colgar tu terno negro porque enterraste a un ser querido. Sea cual sea la situación, Dios siempre estuvo ahí. Sea cual sea la situación, no te avergüences en lamentarte delante de Él. Porque a Él nunca se le ha escapado una sola lágrima de nadie.
Reflexión y Oración:
¿Existe alguna situación que te esté generando preocupación? ¿Has atravesado o estás atravesando tiempos de pérdida, dolor o sufrimiento? Ora este día delante de Dios lamentándote por tu situación. No hay nada malo en expresar tus preocupaciones delante de Él. No hay nada malo en ser vulnerable y exponer lo profundo de tu corazón al Señor. Ora también para que Dios te provea de alguien que pueda acompañarte en este tiempo, que traiga a tu mente cristianos maduros que puedan ser tu apoyo. Eso es lo hermoso del cristianismo: no tenemos que lamentarnos solos.
Acerca de este Plan

Sumérgete en un devocional de 5 días basado en 5 tipos de Salmos, donde cada lectura te invita a experimentar la majestuosidad de Dios en la adoración, liberar tu corazón en el lamento, recibir sabiduría práctica para la vida, agradecer su fidelidad incluso en los desafíos y contemplar las profecías que anuncian al Mesías. Reflexiones cercanas y oraciones guiadas te ayudan a conectar con Dios de manera personal y profunda.
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Nos gustaría agradecer a El Pez en la Canasta por proporcionar este plan. Para obtener más información, visite: www.facebook.com/ferazonableEC
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