Contra las cuerdas

Día 1 de 6 • Ver la lectura de hoy

Devocional

PREPARÁNDONOS PARA LUCHAR


Jacob el usurpador. Así había sido llamado, y no en vano ¿Qué has usurpado? O mejor, ¿a qué le temes como consecuencia de tus caminos antiguos? Piénsalo bien, porque esta era también la situación de Jacob y por eso actuó como actuó. Pero Dios tiene una salida para librarte del temor y del pasado. Cuidado, eso no ocurrirá sin luchar.


Aún estás a tiempo de abandonar este plan. Nadie va a juzgarte por dejarlo a medias. Pero si continúas, si tomas el desafío, veremos juntos cómo Dios restaura vidas y también cómo las hace mejores ¿Quieres tomar este día para prepararte adecuadamente y entrar luego al cuadrilátero de Dios? Será un ejercicio que tu alma agradecerá.


Observemos de qué manera inicia este amigo, su proceso personal. Tal vez se parezca al tuyo:  



  1. Preparó una defensa (vv 3-8): esta es la primera reacción humana ante el enfrentamiento con nuestro pasado. Nos ponemos a la defensiva, elaboramos un plan y nuestra mente se ocupa rápidamente en “adelantarse” a las formas posibles en que se podrían dar las cosas. Pero si somos inteligentes, dejaremos rápidamente esta postura.  

  2. Habló con Dios (v 9): “¡Ey! ¡Señor! Es por tu mandamiento, mira que tú me dijiste que regrese.  

  3. Confesó su indignidad (v 10): reconoció inmediatamente que es apenas el menor, en otras palabras, que no vale nada. Esto es tener perspectiva. Nadie es suficientemente grande como para sentirse grande ante Dios. Si vas a él, olvida tu grandeza. En la intimidad, no sostengas tu altivez.  

  4. Recordó la bondad de Dios (v 10): nada más oportuno que recordar lo bueno que él es, justo cuando hemos puesto a sus pies nuestra bajeza.  

  5. Expresó sus temores (v 11): ¿Qué mejor lugar para hacerlo que a sus pies?  

  6. Recordó sus promesas (v 12): Amigo y amiga, todos podemos recordar sus promesas a Dios, solo asegúrate que sea posterior a reconocer su bondad y nuestra bajeza. Cuidado con esas teologías que nos invitan a increpar al Señor. No le reclamamos, antes bien, recordamos sus promesas humildemente, como el que se reconoce inmerecedor.


No creas que allí termina todo. Apena comienza. Todo lo que viene luego de este proceso es pura acción. Luego de reconocer toda nuestra realidad y la verdad de Dios, es momento de luchar con él. No te asustes, si hemos seguido el mismo proceso de humildad, seguro ganaremos.


“Señor, convierte nuestros corazones para pasar de nuestros planes humanos a tu voluntad divina. Si algo en nosotros vencerá, que sea lo que hay de ti en nosotros. Todo lo demás, hazlo morir.”