Oyendo Como Los Sabios

Dia 1 de 5 • Ver la lectura de hoy

Devocionales

La sabiduría de lo alto


Siempre me ha gustado mucho la expresión bíblica que dice: “Jehová el Señor me dio lengua de sabios, para saber hablar palabras al cansado; despertará mañana tras mañana, despertará mi oído para que oiga como los sabios.” Is. 50:4


Oír como los sabios, ¿cómo oyen los sabios? Pienso que una de las mayores virtudes que tiene el oído de los sabios es que tienen la capacidad de discernir con gran precisión entre lo que es bueno, lo que viene de Dios y aquello que es malo y que no glorifica a Dios.


Ésta es una capacidad que sólo se puede tener si Dios está en nosotros. La palabra nos enseña que es el Espíritu Santo quien nos guía a toda verdad. Sólo el Señor puede mostrarnos lo correcto, lo justo, lo verdadero. Humanamente hablando, no somos capaces de ver o discernir lo que hay detrás de las palabras o las acciones de otras personas. Tampoco podemos discernir la maldad que, vestida de cordero, se quiere imponer en nuestra sociedad. Necesitamos la agudeza espiritual que nos da el Espíritu Santo para que podamos oír como los sabios.


En Eclesiastés 8:5 encontramos unas palabras que expresan la importancia que tiene para el creyente esa capacidad de oír como los sabios. “El corazón del sabio discierne el tiempo y el juicio.”  Es el espíritu Santo quien nos deja ver lo que otros no pueden ver ni percibir de los tiempos que vivimos. Por eso es tan importante y necesario que oremos al Señor, rogando que despierte nuestros oídos espirituales, para que podamos discernir el tiempo y el juicio y no andemos en el aire, como andan los que no conocen al Señor. 


El oído sabio es el que oye más allá de lo que otros pueden escuchar, es el que puede retener lo bueno y desechar lo malo, es el que distingue entre la luz y las tinieblas y entre lo dulce y amargo. Y para decirlo de forma pintoresca, es el oído a quien no se le puede vender gato por liebre.


En el libro de Santiago recibimos un consejo extraordinario sobre la importancia de tener sabiduría. Empieza diciendo: “el que esté falto de sabiduría.” Bueno, creo que nadie podría decir que ya tiene toda la sabiduría que necesita para vivir sabiamente. De modo que las palabras que le siguen, a mi entender, son un consejo para todos los que amamos al Señor y queremos vivir agradándole y haciendo su voluntad.


“Pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada.” Santiago 1:5  Todos en el pueblo de Dios necesitamos la sabiduría de lo alto, la sabiduría de Dios. Esa debe ser nuestra constante oración.