Perder para ganar

Devocional

EL PULGÓN DEL ALMA


Para quienes han leído mi anterior plan sobre ¿Cómo están tus raíces? puede entender que aun en las plantas, si así lo permitimos, podemos encontrar grandes consejeros y hoy no será la excepción.


Esta semana que leía acerca de los pulgones aprendí que son insectos muy pequeños también conocidos como “áfidos”. Un dato muy interesante es que en 1998 se estrenó una película animada titulada “Bichos” donde la reina hormiga cargaba bajo su brazo una mascota de nombre “Afi”, ¿casualidad? Claro que no... Se han determinado mediante estudios que entre algunas especies de hormigas existe una simbiosis (relación de beneficio mutuo) con estos animales, ya que se sienten atraídas por la melaza que excretan y en contraparte estas los protegen de sus depredadores.


Podemos apreciar con este proceso lo sorprendente que es la naturaleza, sin embargo, no todo es color de rosa. Para que estos insectos logren producir esa sustancia pegajosa deben succionar la savia de la planta que en consecuencia la debilita y deforma sus hojas atrayendo de esta manera gran cantidad hormigas que también buscarán alimentarse, razón por la cual uno en mayor medida que el otro, son considerados como potenciales plagas destructivas.


Esto realmente me resulta sumamente confrontativo referente a la falta de perdón debido a que existen muchos mitos al respecto. Por ejemplo, creer que es suficiente con negar la ofensa recibida, pretender que el tiempo borre lo ocurrido, ignorar lo que pasó, tratar de olvidar al compensarlo con otras actividades o expresando entre dientes un “te perdono” sin antes haberlo hecho en el corazón. 


“Dijo Jesús a sus discípulos: Imposible es que no vengan tropiezos; ¡mas ay de aquel por quien vienen!” (Lucas 17:1).


Algo que me encanta al meditar en la palabra de Dios es desembarcar en la etimología de los términos, en este caso “tropiezo” que proviene de “SKANDALON” con origen hebreo y griego que hace referencia a la parte de una trampa donde la función del cebo sirve de atractivo para atrapar a la víctima. Por ejemplo, una serpiente de cascabel usa su cola como señuelo o distracción para sus presas. 


Como pudimos leer, prácticamente la palabra "tropiezo" u "ofensa" es una carnada en el mundo espiritual que Satanás utiliza para mantener a mucha gente en cautiverio. En otras palabras, cada vez que permites sentirte ofendido por lo que alguien dijo o hizo, caíste en una TRAMPA que buscará amargarte hasta tal punto de perjudicar tu propia salud. Se han comprobado estudios científicos de que la falta de perdón está relacionado con episodios de depresión, ansiedad, hostilidad e incrementa la posibilidad de sufrir enfermedades coronarias. 


Las consecuencias de no perdonar:


1. Desobedecemos a Dios. Recordemos que perdonar es un mandato, ya que si no perdonamos tampoco seremos perdonados. 


“Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial” (Marcos 6:14).


2. Satanás toma ventaja. Siendo el principal promotor de tender trampas en nuestras vidas, con la falta de perdón tendrá una puerta abierta de par en par y legalidad para destruir desde tu hogar, finanzas, salud, relaciones, etc. 


“Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo, ni deis lugar al diablo” (Efesios 4:26-27).


3. Dios te entregará a los verdugos. En el griego la palabra “verdugos” es traducida como “atormentadores” o “torturadores” que son nada más y menos que los demonios. Por cada falta de perdón acumulada estos se encargarán de traértelo a la memoria para torturarte. 


“Entonces su señor, enojado, les entregó a los verdugos, hasta que pagase todo lo que le debía. Así también mi Padre celestial hará con vosotros si no perdonáis de todo corazón cada uno a su hermano sus ofensas” (Mateo 18:34-35).


4. Restringe el fluir de Dios. De una sola fuente no puede brotar perdón y resentimiento, por lo que sería imposible amar y odiar al mismo tiempo. El enfoque de quien ha sido ofendido estará tan distraído en sus heridas y ofensas que le impedirá experimentar la plenitud del amor de Dios.


“Por lo cual te digo que sus muchos pecados le son perdonados, porque amó mucho; mas aquel a quien se le perdona poco, poco ama” (Lucas 7:47).


En resumidas cuentas, amado lector, el pulgón del alma son cada uno de los dardos del enemigo que son puestos como carnadas en nuestras vidas y las hormigas son la representación de las puertas abiertas que por descuido y orgullo hemos olvidado cerrar. Ahora que usted conoce el plan de Satanás sencillamente no dé tregua, use su autoridad en Cristo.





Un abrazo fraterno,


Angie Sevillano.