Perder para ganar

Devocional

PERDER PARA GANAR


Durante la semana aproveché para tomar un curso básico sobre contabilidad y conforme transcurría la enseñanza me pude percatar que hay dos dichos muy conocidos en el mundo de la contaduría: perder y ganar. De hecho, hasta esta misma disciplina cuenta con un estado de pérdidas y ganancias que es nada más y menos que un informe financiero de la organización.


Algo que me resulta curioso es que aun en el ámbito de los negocios se desglosan varias combinaciones: “ganar-ganar”, “ganar-perder”, “perder-perder”. ¿Qué significa esto? La notable ventaja de uno por encima del otro en cuanto a ganar y, si de puntos medios se tratara, lo estimable es que ninguna de las partes obtenga beneficios.


Ciertamente la cultura consumista en la que vivimos nos enseña un esquema mental netamente estático: ganar, ganar y ganar. Fuera de este eje, por ejemplo, si se tratara de una mera equivocación pasas de “he experimentado un fracaso” a identificarte como un “fracasado”. Aunque parezca cuestión de palabras el impacto en el autoconcepto e incluso la autoestima, va mucho más allá de una percepción.


Considere el personaje bíblico que fue descrito como un hombre de muchas riquezas con una gran familia conformado por una esposa y diez hijos, sin incluir a sus muchos criados. Fue también caracterizado por ser temeroso de Dios y apartado del mal; sin embargo, tras una serie de acontecimientos trágicos ¡lo perdió todo!, desde el más insignificante de sus bienes hasta el muy amado de sus descendientes. Este hombre era Job.


A pesar de este panorama desolador Dios lo bendijo convirtiendo su postrer estado mucho mayor que el primero respecto a sus posesiones ¡e inclusive volvió a tener 10 hijos! En su libro se registra que tuvo una larga vida y pudo conocer hasta su cuarta generación, ¿y sabes qué fue lo que más valoró Job? Esta experiencia le permitió reconocer que cuyo conocimiento sobre su creador era lo que le habían contado, más ahora sus propios ojos lo veían.


En otras palabras, mientras que desde la perspectiva del mundo hubiera sido una pérdida irremediable e “injusta”, Job terminó ganando. Después de todo, el enfoque “perder-ganar” no puede ser entendido solo con nuestra visión natural, ya que la demanda que implica podría parecernos locura. No obstante, en los propósitos de Dios el sacrificio, la rendición, la negación del yo aun si esto incluye la vida misma, es la antesala que nos ayudará a entender que los sufrimientos actuales son temporales y que sus promesas son eternas.





Un abrazo fraterno,


Angie Sevillano.