Más Como Tú

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Devocionales

Menos De Ti Y Más De Dios


A través del aire cálido de la tarde, las ovejas y su pastor caminaron hacia el otro lado del desierto. Era primavera en Madián, tierra extraña y acogedora para el pastor fugitivo. Moisés era un hombre tranquilo, nunca pudo comunicarse bien con otros, prefería los deberes solitarios; guiaba el rebaño de su suegro. Fijó su mirada en una majestuosa elevación llamada Horeb, lugar conocido como la montaña de Dios. A medida que una de las ovejas avanzaba por una cresta gradual, algunas llamas surgieron espontáneamente de un arbusto. El misterioso fuego envolvió aquella planta, sin consumirla. Moisés se quedó hipnotizado por este fenómeno y pensó: "Iré y veré este extraño espectáculo”. Se acercó un poco más para investigar y de repente se detuvo en seco. “¡Moisés! ¡Moisés!”, dijo una voz desde la zarza ardiendo, “No te acerques más, quítate las sandalias, porque el lugar donde estás es tierra santa”. El mensajero divino continuó: “Yo soy el Dios de vuestros padres, Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob. Te envío a Faraón para sacar de Egipto a mi pueblo, los israelitas”.


Yahweh, el Dios del universo, había visitado a un hombre en conflicto que huía para redirigir su camino de regreso al lugar del que había huido. Fue testigo de la miseria de los israelitas en la esclavitud y eligió a Moisés como su representante para enfrentarse al rey de los opresores. Siglos de privaciones habían deteriorado su fe, pero un rayo de esperanza se vislumbraba en el horizonte.


Moisés dudó cuando Dios lo llamó y dijo: "¿Quién soy yo para ir...?", y "Soy lento para hablar". Se creía incompetente y muy desprevenido. Dios lo acompañaría y se mostraría fuerte en Su nombre en cada paso del camino. 


A menudo, el Todopoderoso pondrá sobre nuestros hombros una responsabilidad que puede parecer abrumadora, pero está hecha a la medida de nuestras capacidades. No debe imponerse limitaciones en estas situaciones, porque puede estar en juego una generación presente y futura.


¿Qué dices de ti mismo? ¿Tienes miedo? ¿Indigno de? ¿No deseado? ¿Desprevenido? Hay una gran voz que te llama fuerte, valiente, calificado, amado y listo para causar un impacto. Menos de ti y más de Dios es lo que se necesita. Nunca olvides que fuiste creado a Su imagen. Tú eres Su hijo. Eres Su representante.