Yo soy el primero

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Devocionales




Reconocer


Podemos encontrar varias definiciones para esta palabra en el diccionario. Reconocer es equivalente a examinar, identificar o distinguir a alguien o algo. Este es el primer paso para pensar como Pablo pensó.


Debemos reconocer que somos pecadores, identificar aquellos pecados que, de ser piedritas en el camino, se han convertido en grandes murallas que nosotros mismos hemos construido. A pesar de que todos cometemos faltas, Dios se interesa porque veas tu propio mal y decidas pedir su ayuda para eliminarlo.


Cierto día una mujer fue de visita a la casa de su amiga. Cuando llegó, notó rápidamente el desorden que había en el lugar pues los niños estaban correteando y jugando. Se pasó toda la tarde fijándose en cada cosita de la casa que para ella era poco agradable; los juguetes en el piso, los cuadros doblados, los perros en los muebles, etc.


Al llegar a su casa, dejó sus zapatillas tiradas en la entrada de la casa y fue a su habitación, donde la cama estaba desarreglada, la ropa regada en el suelo por todas partes y el cesto de ropa sucia lleno a más no poder.


Aquella mujer había pasado tantos días conviviendo con el desastre que ya no le molestaba, incluso, podríamos decir que ni notaba lo mal que se veía. Sin embargo, ningún detalle se le escapó cuando le tocó juzgar la casa de su amiga.


Lo mismo pasa con nosotros. Tratamos de examinar la vida de los demás mientras que descuidamos la nuestra. Reconocer que estamos mal, que también fallamos y que necesitamos a Dios nos pondrá un paso más cerca del cambio y de la paz. Sí, todos somos pecadores, pero yo soy el primero en la lista. Soy el primero en ver esas cosas que sé que no debo, soy el primero en buscar la nueva música que no alaba al Señor, soy el primero en criticar a mi prójimo, soy el primero en visitar esos lugares que no me convienen, soy el primero en rechazar una disculpa o en consumir sustancias que son dañinas para mi cuerpo.


Dios desea que le entregues eso que te aleja de él, no para condenarte, sino para perdonarte y limpiarte. Eleva esta corta oración conmigo: Señor, ayúdame a ver la viga que está en mi ojo. Ayúdame a reconocer lo mucho que necesito de ti. Gracias por tu amor y por tu paciencia conmigo. Por favor, límpiame. En el nombre de Jesús, amén.


Leslie Ramírez