Perfecta Paz

Devocionales

 

El lenguaje de amor de Dios es la OBEDIENCIA; descansar en El mientras cedemos a sus deseos, es el sacrificio más agradable que El recibe

El Rey Saúl había recibido una orden del profeta Samuel “espera siete días, hasta que yo venga a ti y te enseñe lo que has de hacer”. Se refería a que esperara por él para ofrecer el sacrificio de paz requerido por las leyes de Dios, antes de iniciar la batalla contra los Filisteos. 

Saúl no pudo soportar el afán ni contener su propio vigor para cumplir con esta órden de esperar hasta el momento de la llegada de Samuel. Se apresuró y realizó el sacrificio. 

Muchas veces fui al texto con una actitud tan crítica hacia Saúl, hasta que tuve mi propia experiencia, mi propia prueba de espera. 

En mi caso, supe la noticia de que iba a ser mamá unos pocos días después de haber ganado tres galardones internacionales importantes con mi primera producción Luz, ¡Todo un sueño!..., parecía que estaba entrando en una nueva etapa de mi ministerio, y así lo era, solo que no de la forma en la que yo pensaba. Contrario a mis expectativas, recibí una a alerta de riesgo en mi embarazo que me exigía estar en cama por varios meses sin poder siquiera hablar mucho. Ese sencillo esfuerzo,  ponía en riesgo la vida de mi bebé. 

Aunque sin dudar amé a mi hija más que a mis otros sueños, no puedo negar que me sentía tan confundida...No sabía cómo procesar el por qué de ese ritmo de quietud al que había sido introducida abruptamente. Un silencio profundo, una pausa larga en la historia y, al mismo tiempo, dentro de mi un ímpetu por querer hacer más de lo que en ese momento me era posible. 

La soberanía de Dios, fue el atributo que me salió al encuentro. Tuve que disponerme a conocerlo  y comprenderlo más.  

Cuando abrimos nuestro corazón para entende  las implicaciones de ese atributo, damos un paso vital para no perder la paz cuando somos procesados en la espera. Nuestro Señor es soberano, y nos guía como quiere. Él sabe bien cómo cumplir su objetivo en nosotros, cómo prepararnos y guiarnos hacia el cumplimiento de nuestro propósito, sin obviar detalles.  

En mi caso, cuando todo parecía indicar que era el momento de correr por el mundo para glorificar Su nombre, aprendí que  su voluntad, en oportunidades, no necesariamente se conoce viendo solo lo que creemos obvio. Contrario a lo evidente, el plan de Dios para mi vida en ese momento era que yo estuviese quieta, glorificándolo en casa, invirtiéndome día y noche dando cuidado y protección a la herencia que había recibido en mi vientre. 

Aprendiendo que en la quietud también hay victoria, que es El quien gestiona mis prioridades y quien hace crecer mi ministerio a su forma, y no necesariamente a la mía.  

 Cuando de obediencia se trata, es tan poderoso correr para conquistar como estar quieto y esperar. Se trata centralmente de hacer Su vountad.

La prueba de nuestra verdadera obediencia hacia Dios es responder Sí Señor a aquellas asignaciones que, de forma particular y específica, Él nos hace.

¿En este momento de tu vida, qué es aquello a lo que debes decir Sí Señor?