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1Así quedaron concluidos el cielo y la tierra y todo lo que hay en ellos. 2Para el séptimo día* Dios había concluido su obra y descansó el día séptimo de todo lo que había hecho. 3Y bendijo Dios el día séptimo y lo declaró día sagrado, porque en ese día descansó Dios de toda su obra creadora. 4Esta es la historia de la creación del cielo y de la tierra.
Segundo relato de la creación (2,4b–3,24)
Cuando Dios, el Señor, hizo la tierra y el cielo 5no había aún arbustos en la tierra ni la hierba había brotado, porque Dios, el Señor, todavía no había hecho llover sobre la tierra ni existía nadie que cultivase el suelo; 6sin embargo, de la propia tierra brotaba un manantial que regaba toda la superficie del suelo. 7Entonces Dios, el Señor, modeló al hombre de arcilla del suelo*, sopló en su nariz aliento de vida y el hombre se convirtió en un ser viviente.
8Dios, el Señor, plantó un jardín en Edén, al oriente, y puso allí al hombre que había modelado. 9Dios, el Señor, hizo brotar del suelo toda clase de árboles hermosos de ver y de frutos apetitosos. Además, hizo crecer el árbol de la vida en medio del jardín, y el árbol del conocimiento del bien y del mal.
10En Edén nacía un río que regaba el jardín y desde allí se dividía en cuatro brazos: 11el primero se llama Pisón y rodea toda la región de Javilá, donde hay oro. 12(El oro de esa región es excelente, y también se dan allí bedelio y ónice). 13El segundo se llama Guijón, y rodea la región de Cus. 14El tercero se llama Tigris y pasa al este de Asur. El cuarto es el Éufrates.
15Dios, el Señor, tomó al hombre y lo puso en el jardín de Edén para que lo cultivara y lo cuidara. 16Y le dio esta orden:
—Puedes comer del fruto de todos los árboles que hay en el jardín, 17excepto del árbol del bien y del mal. No comas del fruto de ese árbol, porque el día en que comas de él, tendrás que morir.
18Luego Dios, el Señor, se dijo:
—No es conveniente que el hombre esté solo; voy, pues, a hacerle una ayuda adecuada. 19Entonces Dios, el Señor, modeló con arcilla del suelo todos los animales terrestres y todas las aves del cielo, y se los llevó al hombre para que les pusiera nombre, porque todos los seres vivos llevarían el nombre que él les pusiera. 20El hombre puso nombre a todos los animales domésticos, a todas las aves y a todos los animales salvajes. Sin embargo, no encontró entre ellos la ayuda adecuada para sí. 21Entonces Dios, el Señor, hizo caer al hombre en un profundo sueño y, mientras dormía, le sacó una de sus costillas y rellenó con carne el hueco dejado. 22De la costilla que le había sacado al hombre, Dios, el Señor, formó una mujer, y se la presentó al hombre 23que, al verla, exclamó:
—¡Esta sí que es hueso de mis huesos
y carne de mi carne!
Se llamará varona,
porque del varón fue sacada.
24Por eso el hombre deja a su padre y a su madre, se une a su mujer y los dos se hacen uno solo.
25Los dos, el hombre y su mujer, estaban desnudos, pero no sentían vergüenza de verse así.
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