Esa noche recorreré todo Egipto y mataré a todos los primogénitos de cada familia egipcia, sean personas o animales. Yo soy el Dios de Israel, y daré su merecido a los dioses de Egipto. Pero vosotros los israelitas no debéis tener miedo; la sangre que vais a untar en los marcos de las puertas me servirá de señal. Cuando yo la vea, no haré ningún daño a vuestros primogénitos, sino que pasaré de largo.