«Para Que Seáis llenos De Toda La Plenitud De Dios»

Devocionales

 «Cristo hace su hogar en nuestros corazones»

La primera parte del versículo 17 del capítulo 3 de Efesios, dice: «Para que Cristo haga su hogar en vuestros corazones por medio de la fe». Nuestro corazón está compuesto de todas las partes de nuestra alma: mente, emociones y voluntad; además, nuestra conciencia, que es la parte principal de nuestro espíritu. Estas son las partes internas de nuestro ser. Por medio de la regeneración, Cristo entró en nuestro espíritu.

La palabra «habitar» (katakeo), sugiere la residencia permanente, en contraste con «habitar» (paroikeo), que significa una estadía temporal. Cristo es habitante permanente de todo aquel que cree, y no visitante o huésped de visitas cortas y eventuales. Su residencia, es posible debido a que nos hizo morada suya y nos permitió participar de su naturaleza divina para fundirse orgánicamente a su cuerpo como Cabeza.

Sabemos la realidad de la obra terminada de Dios, que a través de la resurrección crea una habitación eterna, el templo de Dios, donde su plan fue completado. A través de la muerte, sepultura y resurrección de Jesucristo, Dios ha establecido un nuevo hombre, por medio de nuevas criaturas que son un cuerpo, un templo, una ciudad, una habitación suya, y nos hemos convertido en el lugar de habitación eterno de Dios, en el vehículo de su expresión en la tierra. 

Es decir, Pablo empieza a orar, que lo que Dios ha finalizado a través de la cruz, empiece a obrar poderosamente en el hombre interior de los que han venido a Cristo. Aquí, Pablo describe cómo Cristo crucificado, sepultado y levantado, empieza a habitar (operar, funcionar, influenciar, transformar) en el alma. Describe «el qué» del plan eterno de Dios. Ora que lo que Dios ha establecido en la resurrección, sea establecido en el alma. Que lo que Dios ha hecho obsoleto en la cruz, sea circuncidado del alma. Que a quien Dios ha hecho rey, tenga la libertad de reinar en su reino. 

Subsecuentemente, debemos permitir que Cristo se extienda a cada parte de nuestro corazón, que es la totalidad de todas nuestras partes internas y el centro de nuestro ser; por tanto, cuando Cristo hace su hogar en nuestro corazón, controla todo nuestro ser interior, suple y fortalece cada parte consigo mismo.

Es por medio de la fe, que Cristo hace su hogar en nuestros corazones. La fe, es lo que da sustantividad a lo que no se ve. El hecho de que Cristo mora en nosotros es misterioso y abstracto. Lo comprendemos, no por nuestros sentidos físicos, sino por el sentido de la fe.