Pilares De Reino

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Devocional

1 - Visión de Reino

Pero cuando el Espíritu Santo venga sobre ustedes, recibirán poder y saldrán a dar testimonio de mí, en Jerusalén, en toda la región de Judea y de Samaria, y hasta en las partes más lejanas de la tierra" (Hechos 1:8 DHH).

La manifestación del poder de Dios se hace evidente con la venida del Espíritu sobre la Iglesia.

Esta impartición de Jesús lleva a los discípulos a la convicción que podían manifestar el Reino de los cielos que ahora estaba en la tierra, se había acercado.

La potencia del Espíritu, que deriva de la palabra griega dunamis, llenó a los creyentes para que constituyan una iglesia que, lejos de ser estática y limitada, estaba llena de vida y se movía activamente para manifestar a Cristo, adorarlo, bendecirlo, aprender de Él y, sobre todo, anunciarlo.

En Hechos 4 se nos describe una iglesia que estaba en templos y casas.

Esta potencia del Espíritu hacía que hasta las tumbas en las afueras de Roma se volvieron lugares correctos para manifestar Su Presencia.

Esto nos da el entendimiento que el cielo puede descender, que lo que parecía una vez lejano ahora se puede manifestar en nuestro ámbito.

Si bien los templos llenos significan más personas adorando a Jesús e incluso más personas siendo salvas, nosotros no estamos en el negocio de llenarlos, sino de impactar territorios.

Pensamos más allá de las 4 paredes teniendo la certeza de que lo que sucede en templo se puede desbordar por toda la ciudad. Por esto es que las experiencias con Dios en el altar no pueden quedar ahí, sino que deben manifestarse todos los días, en todos lados, en todo momento.

Ahora bien, la adoración del templo tiene su propósito, y en estos ambientes se viven un tipo de cosas especiales que no son comparables con lo que se puede llegar a experimentar en la adoración que se realiza en la plaza (como ámbito público).

Una no reemplaza la otra, no se trata de elegir, sino de experimentar ambas.

Cuidemos, mantengamos, y desarrollemos una visión de Reino.

Desafío del día

Organiza junto a tu barca un altar público en alguna plaza de la ciudad.

Oración

Padre, lléname con Tu Espíritu. No me quiero quedar inmóvil ni cómodo, sino que oro para que manifiestes a Cristo en mí en todos los lugares donde vaya. Enséñame a adorarte en intimidad y también a proclamarte en público.

Dame discernimiento para ver Tu Reino.