Pecados Ocultos

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Devocional



Lo que sabemos y lo que no sabemos.

Uno de los males más arraigados (y sutiles) en nuestro corazón es el autoengaño. ¡Y no siempre es intencional! A veces parte de una profunda ignorancia de nuestra propia naturaleza, y de nuestra incapacidad para ver.

De una parte, ya nos cuesta lo nuestro mirar hacia dentro y ser medio hábiles para identificar cómo somos, las motivaciones tras nuestros actos, o los pensamientos que acompañan a nuestras emociones. Es una cuestión de introspección o, más bien, de falta de ella.

Sin embargo, este asunto va mucho más allá, porque incluso quienes tienen una increíble capacidad de ver hacia dentro y analizarse, conviven con otro problema más profundo: la ceguera espiritual. Todos somos, como poco, daltónicos espirituales, y seguimos confundiendo el bien y el mal.

Piénsalo detenidamente. Incluso en el mejor de los casos, aun siendo conscientes de ciertos aspectos oscuros en nosotros mismos:

  • hay muchos otros que no llaman nuestra atención,
  • que pasan nuestro cribado personal pero no pasarían el que el Señor haría,
  • que toleramos por considerarlos “errores” o “accidentes”, cuando en realidad pueden perfectamente llamarse “pecado”,
  • que hemos normalizado porque son demasiado comunes, fuera o dentro de nosotros;
  • frente a los que hemos cauterizado en nuestra conciencia porque al volver sobre ellos una y otra vez, hemos terminado encontrando la forma “políticamente correcta” de hacerlos encajar en nuestra vida.
"cribado": hace referencia a una selección cuidadosa entre varias cosas.
"cauterizar": remediar un mal o amenaza (sentido figurado).

Podríamos seguir, pero creo que no es necesario. Eso sí, te invitaría a continuar la lista que yo simplemente he empezado en estas líneas, porque hay mucho más oculto de lo que nos imaginamos.

“¿Quién podrá entender sus propios errores?” –se pregunta David, y acto seguido le pide a Dios que le “libre de los que le son ocultos” (v.12). Esta es, ciertamente, una tarea que no podemos hacer solos. Necesitamos Su iluminación, Su palabra, la luz que Él es, para ver lo que nosotros no vemos.

En Job 34:32 se dice algo similar (aunque para otro contexto y situación) que se ha convertido en uno de mis textos favoritos de referencia “Enséñame tú lo que yo no veo”. Sin Él no vemos, ni fuera ni dentro.

David lo tenía claro: no podemos conocer todos nuestros errores, pero haremos bien en no olvidar que están ahí, y que son sutiles. Será la mejor decisión ponerse en manos del Único que puede mostrarnos nuestra realidad oculta, oscura, también nuestros pecados conscientes, para ser íntegros y estar verdaderamente limpios (v.13).